Necesitamos una visión más compleja de la comprensión lectora
Actualmente, la mayoría de los especialistas en el campo reconocen que la comprensión lectora no es una habilidad unitaria. Afirman, por ello, que no se trata de algo que pueda enseñarse de forma directa mediante una intervención educativa breve, sino que requiere el desarrollo progresivo de múltiples conocimientos y habilidades a lo largo de los años.
Cuando me olvido de esto, vuelvo al estupendo artículo Rethinking How to Promote Reading Comprehension, escrito por el eminente Hugh Catts. Su lectura deja siempre un conjunto de ideas claras y bien fundamentadas para saber a qué atenernos realmente cuando hablamos de comprensión lectora.
La primera precaución tiene que ver con la propia definición de comprensión lectora. Debemos partir de que la comprensión lectora es un proceso complejo que nace de la interacción que ocurre entre el lector, el texto y la tarea con la que se evalúa la comprensión. El lector aporta habilidades como la decodificación, el vocabulario, los conocimientos previos y la capacidad de autorregulación, todos ellos fundamentales para interpretar un texto. Por su parte, las características del texto, su género literario y su complejidad lingüística, influyen en la dificultad de la comprensión. Además, el propósito de la lectura determina el nivel de procesamiento requerido; no es lo mismo leer para recordar un detalle que para analizar la calidad de un argumento. Una conceptualización simple nos podría llevar a actuaciones igualmente simples y poco eficaces.
Un factor clave que parece haberse subestimado en la comprensión lectora es el conocimiento previo. Distintos estudios han demostrado que la información que el lector posee antes de la lectura influye significativamente en su capacidad de entender un texto. El conocimiento previo permite generar inferencias, completar información implícita y organizar lo leído para procesarlo de manera eficiente en la memoria de trabajo. Sin este bagaje, la comprensión se vuelve superficial y fragmentada. En otras palabras, cuanto más sepa de filosofía, más entenderé un texto filosófico. Lo mismo pasará con cualquier otra disciplina.
Por ello, para mejorar la comprensión lectora, los profesionales de la educación deben asumir que esta se trata de un proceso complejo que requiere instrucción y práctica en múltiples niveles. Durante los primeros años, es crucial desarrollar habilidades fundacionales como la conciencia fonémica, el principio alfabético, la decodificación y la fluidez. Una lectura poco precisa y fluida impedirá liberar recursos cognitivos que puedan destinarse a la comprensión de textos complejos. Sin embargo, todo lo anterior debe desarrollarse dentro de programas ricos en vocabulario y contenidos, ya que estos fundamentan igualmente la comprensión.
Es importante atacar la creencia de que la comprensión lectora es una habilidad que puede enseñarse de forma rápida y directa. Nuestra capacidad de comprensión depende de una amplia gama de conocimientos y habilidades que se adquieren de forma gradual a lo largo de los años. De hecho, la comprensión lectora es más un producto que una habilidad. Un producto que necesita de una buena serie de aprendizajes y habilidades previas para emerger.
Conviene recordar la idea de que decodificar bien, tener suficiente vocabulario, conocer una gran cantidad de información sobre el mundo que nos rodea es comprensión lectora. Ninguna de estas habilidades puede desarrollarse de forma breve. Su desarrollo precisa de un currículo rico y cohesionado que opere durante toda la escolaridad.