El uso de tabletas en las aulas: ¿A qué edad y cuándo? ¿Mejoran el rendimiento del alumno?
La mayoría de expertos consultados destaca que es en Secundaria cuando el dispositivo digital debería introducirse progresivamente y bajo supervisión en las aulas, ya que el alumnado está en plena fase de desarrollo madurativo.
«De momento la tecnología no nos ha dado una mejora del aprendizaje y parece que un uso muy intensivo de las TIC provoca un rendimiento significativamente menor en matemáticas», señala a Efe el investigador de Funcas y profesor titular de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid (URJC), Ismael Sanz, con datos de informes Pisa en la mano. PISA, que mide las competencias en lectura, matemáticas y ciencias de los estudiantes de 15 años en los países de la OCDE y analiza el grado de frecuencia de uso de Internet para la realización de tareas escolares, señala que el rendimiento en estas materias ha caído en todos los países entre el año 2000 y el 2022.
El análisis realizado por la experta en Economía de la Universidad del País Vasco Lucía Gorjón, muestra que un uso muy intensivo de las tecnologías sí penaliza el rendimiento en matemáticas. «Más de una o dos veces por semana reduce de forma muy significativa la puntuación de los alumnos en matemáticas», recalca en uno de sus estudios. No obstante, el investigador de Funcas resalta que el uso de programas de software específicos de apoyo al aprendizaje puede mejorar el réndimiento del alumnado con ritmo más lento. «El estudiante puede repetir varias veces un ejercicio y al haber corrección inmediata hay mayor feedback y mayor aprendizaje», incide Sanz. Aunque podría ser que incrementar el tiempo de empleo del software no condujera a mejoras adicionales a partir de cierto umbral: «Usarlo mucho empieza a distraer», advierte Sanz.
Luisiana Rodríguez, directora del Máster en Tecnología Educativa del centro privado UNIE Universidad, señala que «no puede afirmarse que el uso de dispositivos digitales garantice por sí solo una mayor retención del conocimiento» y afirma que sí hay efectos positivos «cuando se integran de manera pedagógica». «No es tanto la herramienta en sí, sino el diseño pedagógico que la sustenta lo que determina su eficacia», resalta. Lo que sí parece claro es que los software de apoyo al aprendizaje mitigan las limitaciones que tiene el docente en el aula y ofrecen mayores posibilidades de personalizar la educación. «Pero para eso también hay que formar al profesorado», recuerda Paula San Pedro, responsable de incidencia política de Educo, que pide «confiar en el criterio del profesor y del centro educativo, que son los que saben adaptar ese recurso a la clase».
El director del área de colegios CEU, Raül Adames, señala que no compensa el coste-beneficio del uso de tabletas, ya que «se abren muchos riesgos y disminuye el aprendizaje porque desnaturaliza el esfuerzo». «El alumno tiene una actitud pasiva en el aprendizaje», recalca tras explicar que en los colegios CEU hay 30 tabletas para 250 alumnos y su uso es compartido. «Se utilizan solo para actividades concretas y para algunas asignaturas como ciencias, y en últimos cursos de Primaria y en Secundaria», puntualiza.
¿Pero qué edad es la más adecuada?
La mayoría de expertos consultados destaca que es en Secundaria cuando el dispositivo digital debería introducirse progresivamente y bajo supervisión en las aulas, ya que el alumnado está en plena fase de desarrollo madurativo. «Aunque en primero de la ESO hay un contratiempo importante ya que es un cambio de ciclo y es una edad compleja, de transición. Quizá mejor en último curso de Primaria», avisa el director adjunto de EsadeEcPol, Lucas Gortazar, que recuerda que «en edades tempranas permea mucho en la atención de los niños». «De 0 a 6 años es absolutamente negativo para el desarrollo neuronal. No debería haber ningún tipo de pantalla ni para uso pedagógico ni para nada», afirma tajante Paula San Pedro desde Educo, mientras Rodríguez, profesora de UNIE Universidad, dice que «lo importante no es cuándo se introduce la tecnología, sino cómo se hace y con qué garantías educativas».
Tanto Unicef como la Asociación Española de Pediatría señalan que en Infantil la exposición debe ser mínima porque las necesidades en esas etapas son el desarrollo sensorial, motor, emocional y social. El profesor Antonio Barbeito, creador de un método de enseñanza personalizado donde no se utiliza ni tan siquiera la pizarra y director de las academias Mundoestudiante, recalca que el uso de tabletas y ordenadores debería ser en Bachillerato.
Relación directa con el docente
«Esto no solo va de prohibir sino de generar una conversación pedagógica en la que profesores, alumnos y familias hablen de los riesgos y las virtudes de las tecnologías», señala Paula San Pedro desde Educo, que vincula los dispositivos al mundo emocional. «Está comprobado que si los niños sufren de una mala gestión emocional, lo que hace el mundo on line es acrecentar su exposición», recalca. Explica cómo hay aplicaciones para estudiantes de Primaria en las que identifican sus emociones (miedo, enfado, alegría, rabia…) dos veces al día y sirven no solo para ayudar a prevenir sino para aumentar la capacidad de comprensión del alumno cuando llega a Secundaria.
Barbeito por su parte da cuenta de la experiencia en sus academias: «Se ha demostrado que el alumno que llega con el libro tiene un aprendizaje competencial más rápido». «Escribir fomenta el desarrollo cognitivo, la retención. El dispositivo merma el aprendizaje en comunidad», incide al tiempo que cuenta que la mayoría de alumnos de sus clases extraescolares que usan dispositivos en sus colegios proviene de centros privados y concertados.
¿Y cómo está el profesorado en competencias digitales?
El Plan de Digitalización y Competencias Digitales del Sistema Educativo (Plan #DigEdu) puesto en marcha desde 2021 por el Ministerio de Educación ha destinado 1.200 millones de euros a formar profesorado y a dotar a los colegios de material. Fuentes del Ministerio señalan a Efe que se han entregado a las comunidades 332.000 dispositivos, se han instalado sistemas digitales interactivos (SDI) en 127.629 aulas y se ha acreditado la competencia digital de 604.440 docentes.