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Los niños siempre dicen su verdad

Jesús Asensi
Profesor de Religión
31 de marzo de 2025
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Los maestros están perdidos y ya no tienen nada que hacer ante las ocurrencias maléficas o las acusaciones injustas de sus discentes. Da igual que haya testigos cualificados del suceso en cuestión, o hasta alguna grabación de vídeo sin manipular, pues, gracias a la ministra María Jesús Montero, los infantes se pueden agarrar como a un clavo ardiendo a ese dicho popular que afirma que los niños siempre dicen la verdad. Un dicho que, con toda seguridad, acuñó alguien con amnesia permanente desde su tierna infancia y que en su adultez jamás trató a crío alguno.

Así es, la señora Montero ha afirmado que la sola declaración de una mujer joven que se considere víctima de cualquier delito es suficiente para condenar a la persona encausada, sin tener que aportar prueba alguna que demuestre que esa acción se cometió realmente. Se nota que María Jesús Montero asistió de pequeña a catequesis y que también cursó la asignatura de Religión Católica, pero todo parece indicar que no fue una alumna aventajada. Resulta que sus conocimientos teológicos no van más allá del capítulo 2 del Génesis, cuando Adán y Eva vivían en plena sintonía con la naturaleza y realizaban largos paseos por el jardín del Edén en compañía de Dios. Ignora la señora ministra que ese estado de verdadera inocencia quedó truncado por un engaño pecaminoso y que a partir de ese momento la mentira se abrió paso para poder justificar todo tipo de fechorías.

Como bien dijo la cantante Laura Pausini, no somos ángeles ni nos caímos del cielo, y por eso echamos mano de la farsa, muchas veces sin ser conscientes de ello, como les suele ocurrir a los niños, para salir del paso en situaciones embarazosas, para justificar una mala acción o una omisión, o incluso con la intención de hacer daño a alguien.

No le vendría mal a la señora Montero, y a todos nosotros, recordar aquello que anotó san Josemaría Escrivá en el punto 454 de Camino: “No juzguéis sin oír a las dos partes. Muy fácilmente, aun las personas que se tienen por piadosas, se olvidan de esta norma de prudencia elemental”.

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