Toni García Arias: "El bullying no se erradica solo con protocolos, sino con prevención y sanciones ejemplares"
Aulas sin bullying, aulas in miedo, de Toni García Arias, combina teoría y práctica para ofrecer una visión completa del acoso escolar. Por un lado, la obra proporciona un marco teórico sólido que permita comprender mejor el fenómeno y el impacto devastador del bullying en las víctimas, sus familias y la comunidad educativa. Por otro, presenta un conjunto de estrategias prácticas para prevenir, identificar y abordar el acoso de manera eficaz. Con un enfoque integral y humanista, este libro no solo invita a la reflexión, sino que también sirve como guía para todos los profesionales comprometidos con una enseñanza que dignifique y proteja a cada alumno. Hablamos con su autor.
¿Crees que la falta de disciplina en las aulas es una de las más graves consecuencias de la pérdida de autoridad del docente?
–Sí, sin ninguna duda. Cuando un docente pierde autoridad, el aula se convierte en un entorno donde la convivencia y el aprendizaje se ven gravemente afectados. En las últimas décadas se ha vendido una imagen distorsionada de la disciplina como algo negativo. Sin embargo, la disciplina no significa imponer miedo, sino establecer normas claras que permitan un ambiente de respeto donde no se vulnere el derecho de ningún alumno a aprender. Si los alumnos no perciben la autoridad del docente, la enseñanza se convierte en una lucha constante por intentar imponer el cumplimiento de las normas básicas de comportamiento.
Se habla mucho de planes de convivencia, de agentes de bienestar, etc., pero ¿funcionan estos sistemas o se debería ir a la raíz del problema?
–En realidad, estos planes pueden ser herramientas útiles de prevención, pero si no se abordan los problemas desde la raíz y no se adoptan sanciones ejemplares, solo serán parches temporales. Lo digo en todas mis charlas y ponencias; la base del respeto al docente y al resto de compañeros está en la educación en valores en casa, algo que luego se refuerza en el colegio, pero debe venir de casa. De poco sirve un agente de bienestar si los alumnos no han aprendido desde pequeños a respetar unas normas básicas de convivencia o las familias cuestionan continuamente al profesorado. Fíjate un ejemplo; en el caso del acoso al menor con parálisis cerebral sucedido en Santander, ha habido algunas voces que han echado la culpa a los docentes por no estar vigilando. Este tipo de mensajes son tremendamente peligrosos porque desplazan la responsabilidad, no abordan el problema de raíz, fomentan una cultura de la vigilancia y no del respeto y de algún modo normalizan que en un centro educativo donde se va a estudiar sea normal que haya violencia y por consiguiente los docentes deben convertirse en carceleros.
¿Los padres son culpables de esta pérdida de autoridad docente, propiciada por las administraciones educativas?
–No me gusta hablar de culpables porque hay muchos tipos de familias y de administraciones, pero es evidente que algunos padres han contribuido a esta situación al sobreproteger a sus hijos o al desautorizar a los docentes. Y no solo ellos, las administraciones también han tenido su parte de responsabilidad al tomar decisiones que han debilitado la posición del profesor en el aula frente a los padres y a los alumnos por no tener conflicto con ellos. La solución a esta problemática pasa por recuperar el respeto mutuo entre docentes y familias y establecer un marco normativo que apoye la labor del profesorado. Y una cosa muy importante que siempre me gusta señalar; el respeto no hay que ganárselo, faltaría más. Todos, absolutamente todos merecemos respeto por el hecho de ser seres humanos. Otra cosa muy distinta es que alguien con sus actitudes y sus acciones pueda perder ese respeto inicial, pero eso es diferente.
Si los alumnos no perciben la autoridad del docente, la enseñanza se convierte en una lucha constante por intentar imponer el cumplimiento de las normas básicas de comportamiento
¿Cómo recuperar el prestigio del profesor? ¿Con campañas oficiales, con más sueldo, con el reconocimiento social del profesor…?
–Es un conjunto de factores. El reconocimiento social es clave, pero también lo es una remuneración acorde a la importancia de la profesión. Nadie se queja de que un soldador submarino de una plataforma petrolífera en alta mar gane lo que gana, pero siempre hay personas criticando los sueldos de los docentes dando a entender que no se lo merecen. A mí eso me parece inconcebible, porque si lo miras bien, eso va en contra de las personas que van a enseñar y cuidar a tu hijo durante seis horas. Por eso, no basta con campañas publicitarias hablando de lo importante que es la función de los maestros si luego las decisiones políticas y salariales no van acordes con esa enorme responsabilidad.
¿Hay alumnos que no deberían estar en las aulas? ¿Qué hacer con ellos?
–Todos los alumnos tienen derecho a la educación, pero no todos pueden compartir el mismo espacio si su comportamiento impide el aprendizaje de los demás. ¿Acaso alguien tiene derecho a impedir el derecho de otros a aprender? Evidentemente no, aunque a veces te encuentras a personas que defienden esta barbaridad. Cuando hay alumnos con comportamientos disruptivos y con problemas de conducta graves hay que tomar medidas educativas, es evidente, pero cuando fallan todas esas medidas educativas, necesitamos programas específicos para ellos, con apoyo especializado, profesionales especializados y medidas adaptadas a sus necesidades. Esto no quiere decir que cuando su actitud sea la acorde con las normas básicas del aula no pueden regresar a ella, por supuesto, pero no podemos seguir normalizando que unos pocos impidan el aprendizaje de la mayoría. Por otro lado, hay que señalar que en muchas ocasiones la problemática de estos alumnos procede de su entorno familiar, pero ahí nadie quiere abrir el melón de la intervención en las familias, lo cual en la gran mayoría de los casos sigue perpetuando el problema.
Nadie se queja de que un soldador submarino de una plataforma petrolífera en alta mar gane lo que gana, pero siempre hay personas criticando los sueldos de los docentes dando a entender que no se lo merecen
¿Qué opinas de las aulas de educación diferenciada como medio para evitar los problemas de convivencia en el aula?
–No creo que separar por sexos sea la solución. Los problemas de convivencia no dependen del género, sino de la educación en valores, del modelo de autoridad y de las normas claras en el aula y en la familia. Hay diversos estudios que señalan que el acoso escolar se produce casi en la misma proporción entre chicos y chicas, pero mientras en los chicos es más a través de agresiones físicas, en las chicas es más un acoso psicológico. La coeducación bien gestionada es la mejor forma de preparar a los alumnos para la vida en sociedad.
¿Se reproducen los roles machistas de generación en generación?
–Sí, sin duda. Aunque se han producido avances en este sentido, todavía arrastramos estereotipos que se transmiten de generación en generación. Pero fíjate una cosa: yo te diría que, aunque pueda sorprendernos, las generaciones más actuales tienen actitudes y comportamientos incluso más machistas que la generación de nuestros padres. Y tampoco es sorprendente, ya que, gracias a las redes sociales, a cierta cultura musical y a cierta cultura literaria, nuestros jóvenes y adolescentes consumen infinidad de contenido machista donde la mujer vuelve a ser un mero objeto sexual. Y lo más dramático es que mientras hace un par de décadas veías a muchas adolescentes que se enfrentaban a esa cultura, hoy en día hay muchas chicas que lo asumen sin revelarse.
Todos los alumnos tienen derecho a la educación, pero no todos pueden compartir el mismo espacio si su comportamiento impide el aprendizaje de los demás
¿Disciplina y rendimiento escolar se implican? ¿A mayor disciplina, mejores resultados escolares?
–Esto es un hecho indiscutible. Todos los estudios demuestran que aquellos centros donde hay buen clima de convivencia y disciplina, los resultados de los alumnos son mejores. John Hattie en su gran obra Visible Learning, donde realizó un metaanálisis de más de 800 estudios sobre factores que influyen en el aprendizaje, así lo refleja sin ningún género de dudas. Un aula sin disciplina es un aula donde no se puede aprender. Es así de simple. Y junto a ello, algo que también es muy importante, que es fomentar la autodisciplina, que es esa capacidad del estudiante para regular su comportamiento, gestionar su tiempo y esfuerzo, y mantenerse enfocado en sus objetivos de aprendizaje sin necesidad de supervisión constante. No debemos de olvidar que, en todos los ámbitos de la vida, la autodisciplina es una de las claves del éxito. Por ello, debemos de volver a darle valor a la palabra disciplina en vez de denostarla tanto.
¿Qué medidas crees más eficaces para evitar el bullying en la escuela?
–El bullying no se erradica solo con protocolos como cree la administración, sino con prevención y sanciones ejemplares. En el ámbito de la prevención, es fundamental trabajar la educación emocional, la empatía y la resolución de conflictos desde la infancia. Además, es clave actuar con rapidez ante los primeros indicios y contar con un respaldo claro de la inspección para que el profesorado pueda intervenir con libertad. Pero, además, cuando el acoso ya se ha producido, es evidente que hay que proteger al menor acosado. Y ahí es donde en la gran mayoría de las ocasiones falla todo el sistema. Es del todo inaceptable que en los casos de acoso el que tenga que cambiar de centro educativo sean los menores acosados. En este sentido, la sanción es fundamental, porque es un modo de decirle al acosador que su actitud no es aceptable de ninguna de las maneras. Otra medida que sería muy eficaz sería poder multar a los padres de los alumnos acosadores desde el propio centro educativo, con la misma capacidad que la DGT, así como sancionar también a los centros que no hayan aplicado el protocolo.
Desde tu experiencia docente, ¿qué opinas de la prohibición de los móviles?
–Después de cumplirse un año de la prohibición de los móviles en algunas comunidades, he hablado con muchos compañeros de cargos directivos y todos están absolutamente encantados con esta medida. El móvil distrae, genera conflictos y fomenta problemas como el ciberacoso. Por eso, no tiene sentido introducir en los centros educativos una herramienta que interfiere tan negativamente en el aprendizaje. Eso no quiere decir que deban eliminarse las pantallas. En un mudo donde la tecnología favorece el aprendizaje y es fundamental como herramienta de trabajo, es absurdo eliminarlas completamente de las escuelas. Pero el móvil genera más problemas que soluciones. A nivel educativo, todo lo que hace un móvil lo puede hacer una tableta, con la diferencia de que la tableta no te la llevas al aseo ni al patio ni estás enganchado todo el día a ella.
El móvil distrae, genera conflictos y fomenta problemas como el ciberacoso