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Escuela de padres: El adulto soy yo

padresycolegios.comSábado, 1 de enero de 2022
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Una de las afirmaciones que solemos escuchar a menudo es “yo soy amigo/a de mis hijos”. Evidentemente, es maravilloso que como padres nos mostremos cercanos, amistosos y dediquemos parte del tiempo a jugar con nuestros hijos, pero en la actualidad nos estamos encontrando casos de padres que parecen estar examinándose constantemente cuando interaccionan con sus pequeños. Que más que padres parecen animadores socioculturales con una tremenda ansiedad porque a sus hijos no les falte de nada.

 

Por Marta Prado Bullido y Óscar González

 

No nos equivoquemos, estar cerca de ellos no significa que hablemos o que utilicemos sus mismas expresiones. No tenemos que “ganárnoslos” con el colegueo, queriéndoles demostrar que somos unos “padres guays” porque no debemos olvidar que nuestros hijos van a tener muchos amigos, numerosos colegas, pero solo un padre y una madre. Por tanto, debemos actuar como tales. No pensemos que por marcarles unas normas y establecer unos límites claros nos van a querer menos: es lo que necesitan. María Jesús Álava Reyes, en su libro El no también ayuda a crecer, afirma: “nada desconcierta más a los niños que la ausencia de normas”. Los niños necesitan que actuemos como se espera de nosotros, es decir, como adultos. Tenemos que asumir nuestro rol por el bien de su correcto desarrollo. Como bien destaca Emilio Calatayud: “yo soy padre de mis hijos, no su colega porque si no los estoy dejando huérfanos”, y añade “en España no hay término medio, y hemos pasado del padre autoritario al padre colega pasando de ser esclavos de nuestros padres a ser esclavos de nuestros hijos”. Queremos destacar que, para la tranquilidad de muchos, es bueno aspirar a ser amigos de nuestros hijos si entendemos por amigo “alguien que va a estar ahí siempre que lo necesiten” y no alguien que adopta actitudes infantiles que no se corresponden con nuestra edad: querer ser amigo y colega de los amigos de tu hijo, salir de fiesta con tu hijo “a ligar”, etc., no es saludable y esto siempre tiene consecuencias negativas. Recordemos: somos un referente para nuestros hijos, necesitan situarse y situarnos. No les ofrezcamos mensajes contradictorios, pues dificultará ese “saber ubicarse”. No podemos ni debemos invertir roles.

Como conclusión a este artículo nos gustaría compartir con vosotros el “Decálogo del buen padre”, por Javier Urra:
1. Amor paternal: es imprescindible querer a los hijos y hacérselo saber.

2. Disfrutar de los hijos: hay que saber disfrutar de los hijos, pero también disfrutar con ellos.

3. Sonreír juntos: fomentar el “piel con piel”, compartir los sentimientos y sonreír en familia.

4. Educación: compartir la tarea educativa con los profesores, implicándose en su formación.

5. Abuelos: es importante dar cabida a los abuelos para que tengan una buena relación con sus nietos.

6. Ocio saludable: los padres deben inducir a sus hijos a realizar actividades que impliquen un ocio sano y saludable.

7. Deporte en familia: practicar todo tipo de actividades deportivas entre padres e hijos.

8. Naturaleza: inculcar a los hijos el amor por la naturaleza y disfrutar de ella en familia.

9. Aprender de ellos: hay que saber aprender de los hijos si queremos llegar a ser buenos padres.

 

 

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Seguridad emocional

“Los niños que sienten a sus padres como amigos, no tendrán la seguridad emocional necesaria para poder desarrollarse y tener una personalidad fuerte y una autoestima estable”. Es importante que los padres y madres entiendan que su rol es diferente al de un amigo y que este rol, y el de los amigos, va cambiando según las etapas madurativas del niño. Tampoco los padres competimos con esa socialización entre iguales que también es muy necesaria para su desarrollo emocional. De este modo, los padres deben entender que su presencia para que los niños acudan sea cual sea su edad es necesaria, pero que nuestras respuestas e interacciones con ellos no son los mismos que los que tienen sus iguales. Al contrario, estas actitudes no les dota de las herramientas necesarias para su seguridad emocional y, por consiguiente, para convertirse en un adulto autónomo.

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