Educar la fortaleza para formar el carácter

“In puero, homo”, en el niño ya está el hombre, escribieron los latinos. Y es cierto. La educación consiste especialmente en preparar a los niños para construir sus propias vidas, en enseñarles a madurar, en inculcarles una serie de hábitos que fortalezcan sus debilidades y multipliquen sus virtudes. Este recorrido no suele ser, precisamente, un camino de rosas.

La educación no consiste en fabricar para los niños y niñas una burbuja idealista, alejada de los afanes, obstáculos y sombras de la sociedad. Los padres superprotectores, de los que se habla a menudo en las páginas de PADRES, cuando pierden el norte, son un peligro para la educación del carácter de sus hijos. Si a los niños no se les fuerza a que se enfrenten ellos solos a sus problemas y debilidades, no estarán preparados el día de mañana para tomar las riendas de su propia existencia.

No se trata de ofrecer continuamente a los niños una visión descarnada, agria y agónica de la vida. Algo así como si tuvieran que vivir una vida más propia de las que padecen algunos personajes de las novelas de Charles Dickens, ahora que estamos conmemorando su centenario.

Pero tampoco resulta útil hacerles creer a los niños que la vida es una sucesión de instantes sin fin en un parque de atracciones.

Hay, pues, en casa y en el colegio, que enfrentarles a sus responsabilidades. Hay que enseñarles a afrontar las numerosas adversidades con las que se van a encontrar ahora y en el futuro.

La vida es eso: superar con optimismo las dificultades. Esta actitud tiene un importante valor educativo, pues los niños forjan su carácter mucho mejor cuando aprenden a decir que no, cuando moderan sus caprichos, cuando controlan sus apetencias y cuando conocen a su alrededor experiencias que a veces no son nada gratificantes.

En primer lugar, está, como siempre, el ejemplo de los padres. No se puede predicar una cosa y luego, en casa, en la intimidad, dejarse arrastrar por una espiral de comodidades y caprichos sin fin. Todo se pega por ósmosis. Si los niños ven a diario a padres caprichosos en la comida, con las aficiones, con la televisión, con la bebida… será difícil que luego aprendan ellos de manera natural que deben controlar sus apetencias.

Después está la vida en el colegio. El contacto con los compañeros es la mejor escuela para poner los egos en su sitio. Incluso los libros que se recomiendan leer suelen ser una excelente escuela para aprender virtudes y conocer otras realidades sociales e individuales.

La madurez no se improvisa ni viene de golpe.

La madurez es el fin de un largo proceso educativo. Los niños deben, por eso, conocer que existen fatalidades. Como durante su vida, esto va a ser inevitable, es mejor educarles a que cuenten con ellas, sin ocultárselas.

¿Qué ha pasado?

La Fundación Mario Losantos del Campo, una ONGD especializada en la salud y la educación, trabaja para contribuir al desarrollo integral del ser humano. Además de promover acciones solidarias en países del Tercer Mundo, tiene en marcha una serie de programas educativos y psicológicos dirigidos a los menores.

En colaboración con la empresa Parcesa, dedicada a los servicios funerarios integrales, trabaja en un programa encaminado a explicar a los niños cómo afrontar la muerte de alguien cercano.

La realidad es, en este tema, tozuda: el 5% de la población sufre anualmente la pérdida de un ser querido muy próximo y una de cada diez personas requieren de ayuda terapéutica para superar esos difíciles momentos. Con este objetivo, estas dos instituciones acaban de publicar el libro Explícame qué ha pasado, del que es autora la psicoterapeuta Loreto Cid.

En esta sencilla guía (que puede consultarse en la página web de la Fundación Mario Losantos del Campo), la autora apuesta por decir a los niños siempre la verdad, adaptada lógicamente a su edad y al desarrollo cognitivo y emocional del menor. Se trata, en definitiva, de evitar tratar la muerte como un tema tabú y hacerles ver a los niños que forma parte inevitable de la vida.

Si no se hace así, puede ser peor el remedio que la enfermedad, pues para justificar la ausencia de las personas fallecidas se recurren a metáforas complejas que a menudo derivan en estrategias erróneas para evitar el dolor y el sufrimiento de los más pequeños. La guía recomienda incluso dar la oportunidad, según la edad, de dejar libertad a los menores para participar en los ritos de despedida de la persona fallecida y, además, que puedan expresar sus dudas y temores durante esos duros momentos.

No se trata de un tema fácil. Es quizás uno de los principales retos de una sociedad narcisista y egotista que intenta esquivar y esconder el dolor, la enfermedad y la muerte. Pero es un excelente ejemplo sobre cómo la mejor educación es la que enfrenta a los niños con la vida auténtica, sin cómodas falsificaciones ni adulteraciones.

Los pediatras apuestan por una educación sanitaria para combatir la fiebrefobia

Muchas veces el miedo de los padres a la fiebre de los niños surge por la creencia de que puede ser perjudicial y el temor a las convulsiones febriles, pero, según se ha afirmado en el IX Curso de Actualización en Pediatra, esto sólo ocurre en 4 de cada 100 casos.

El Doctor Ramón Ugarte, pediatra del Centro de Salud Olaguibel, de Vitoria, fue el encargado de exponer su teoría sobre la fiebre en el Curso y afirmó que “los antitérmicos, prescritos frecuentemente, no son tan eficaces como se cree y pueden suponer un gasto energético injustificado en niños pequeños”.

Consultado por PADRES sobre este punto, nos aclara que “cuando tenemos fiebre necesitamos gastar una gran cantidad de calorías para aumentar nuestra temperatura hasta alcanzar el punto de equilibrio que necesita nuestro termostato hipotalámico”.

Si una vez hemos llegado a esa temperatura, sometemos al niño a pérdida de calor por medios físicos, ya sea desnudándolo, con baños en agua templada, aplicando friegas de alcohol, o generando corrientes de aire con ventiladores puede que consigamos una pérdida temporal de temperatura, pero como no hemos tratado la causa de esa fiebre, que no es más que una respuesta del cuerpo para combatir una infección y activar las defensas del organismo, nuevamente el cuerpo necesitará obtener energía para recuperar la fiebre.

“Esto es un despilfarro energético. En niños pequeños este gasto de energía puede ser tan importante que se consuman todas las reservas de glúcidos haciendo que el organismo queme grasa y de esta manera se produzca acetona y empeore el estado general del niño”.

Buscar el origen. Hay que tratar el origen, atenuar el síntoma solo retrasa un correcto enfoque y diagnóstico. Ugarte aconsejó durante el Congreso que la educación debería iniciarse en la primera consulta del programa de salud infantil donde se contemple la vacunación. “También parece imprescindible que estos conceptos de actuación ante un niño febril sean compartidos por los servicios de urgencias, de atención primaria y hospitalarios, para no crear confusión en las familias.”

En definitiva, debe tratarse el dolor o las molestias que causen un proceso febril y no la fiebre en sí misma. En este sentido, sería razonable hablar a la familia sobre la eventual necesidad de analgésicos y no utilizar términos como antitérmicos, antipiréticos o medicamentos para bajar la fiebre.

Si pretendemos limitar el dolor o malestar y que el descenso térmico sea el menor posible parecería más adecuado usar paracetamol porque tiene un efecto analgésico similar y posee menos efecto antitérmico que el ibuprofeno. Frente a la tendencia de hace algunos años ahora los especialistas indican que paracetamol e ibuprofeno no deberían usarse conjuntamente en un niño con fiebre “paracetamol e ibuprofeno bajan la fiebre y quitan el dolor.

Lo que hay que hacer en un proceso febril es respetar la fiebre, buscar el confort del niño (ausencia de dolor-malestar) y por eso digo dar analgésicos para que se identifiquen estos fármacos con el alivio del dolor y no como tratamiento de la fiebre porque la fiebre en sí misma es un mecanismo de defensa adaptativo y no hay que luchar contra ella”, ha explicado el Doctor Ugarte a PADRES.

No obstante, la tolerancia a los fármacos, las preferencias del niño y la familia sobre cualquiera de los analgésicos y la seguridad en el uso de estos fármacos debería tenerse en consideración.

Posible diagnóstico y actuación más temprana en el autismo

Se abre la posibilidad de desarrollar un biomarcador de riesgo para el desarrollo del autismo ya que la enfermedad no se desarrolla rápidamente en el bebé sino que progresa durante la infancia del niño.

“Este descubrimiento permitirá interrumpir el proceso con una intervención dirigida a ello”, explica Jason J. Wolff, autor principal del Estudio de la Universidad de Carolina del Norte que ha encontrado evidencias sobre las evidencias anatómicas del cerebro de los niños con autismo desde los seis meses de vida.

Aunque las conductas que alertan sobre la enfermedad no aparezcan hasta alrededor de los 18 meses, los cambios se han producido mucho antes y este descubrimiento permite intervenir antes. El estudio se ha realizado durante dos años con recién nacidos y se han detectado diferencias en 12 de los 15 tractos de fibras de materia blanca del cerebro estudiados en el caso de los niños con autismo. Esta fibra es importante porque compone los caminos que conectan las regiones cerebrales.

Las medidas se realizaron analizando y midiendo la organización y el desarrollo de la sustancia blanca en el cerebro basada en el movimiento de las moléculas de agua en el tejido cerebral. “Esta evidencia, que implica vías fibrosas múltiples, sugiere que el autismo es un fenómeno en el cerebro completo y no está aislado a una región en particular”, concluye Wolf.

Metodología. Un equipo de 20 investigadores seleccionaron a 92 bebés de alto riesgo porque tenían un hermano autista. Los estudiaron con un tipo de resonancia magnética conocida como tensor de difusión, a los seis meses, a los doce y a los veinticuatro. Al cumplir los dos años también se les realizaba una evaluación conductual.

Pasado el tiempo y todas las pruebas, el 30% desarrolló autismo mientras el 70% no, es decir 28 niños eran autistas frente a 64 y los científicos encontraron diferencias en los cerebros de unos y otros.

Smartick: mejorar en matemáticas… y en autoestima

Las matemáticas son, quizá, la asignatura que menos simpatía despierta. Encontrar una fórmula para enseñarlas de un modo divertido, eficiente y atractivo para el niño es una tarea difícil, pero parece que Smartick lo ha logrado.
“Es como un juego para ellos, muy motivador, que les encanta”, afirma Mónica Castellanos, profesora de Primero de Primaria en el Colegio Internacional Aravaca, de Madrid. Su centro fue uno de los 33 que durante tres meses han desarrollado una experiencia piloto en la que han participado 1.200 alumnos para utilizar la plataforma de Smartick.

Buen resultado

¿Los resultados? “Los avances en cuanto a cálculo mental, numeración y operaciones han sido muy positivos. Se trabaja la agilidad mental, y algunos aspectos que no se dan en los programas habituales, como contar al primer golpe de vista”, revela. La evaluación de este plan piloto es que el 94% de los participantes (entre los que estaba también un grupo de niños con altas capacidades), mejoró su capacidad de cálculo; el 70% incrementó su nota de matemáticas y más del 50% subió la nota en otras asignaturas.

Smartick es un método de enseñanza online, que da todo el protagonismo al niño, ya que pretende adaptarse al alumno, y no al contrario. Trata de que cada uno alcance su máximo potencial, pero de una forma lúdica y divertida.

Así, el programa se organiza en sesiones diarias de 15 minutos que el escolar puede realizar en el ordenador en el momento en que le apetezca. A través de juegos, se van consolidando distintos niveles, y el niño es consciente en todo momento de sus progresos, ya que se utiliza la técnica del refuerzo positivo. Como premio al final de la semana “pueden abrir una serie de casas (de Einstein, de Aristóteles…) de su mundo virtual, donde hacen actividades, pueden configurar su propio avatar…

Pero, más que eso, lo que les gusta realmente es haberlo conseguido”, apunta Mónica Castellanos. Los padres o profesores ejercen como tutores, y son informados mediante correo electrónico de los progresos de los niños. De hecho, no es necesario que estén presentes mientras ellos hacen los ejercicios.

Aumentar la autoestima

Uno de los puntos más interesantes de Smartick, según sus usuarios, es que aumenta la autoestima de forma muy significativa en los niños. “El cambio, sobre todo en niños que atraviesan por dificultades en el aula o que se estancan, es increíble. Se sienten más seguros, capaces de hacer algo nuevo, se enfrentan a los nuevos retos de forma más positiva, dejan a un lado el ‘yo no puedo’ y se suelen poner al mismo nivel que sus compañeros”, destaca la profesora.

Scholarum publica las notas de selectividad

El buscador de colegios scholarum.es publicará las notas de selectividad de los últimos años de Cantabria, Castilla-La Mancha, Galicia, Comunidad de Madrid y Comunidad Valenciana, un primer dato que se debe contextualizar para empezar a conocer a los centros educativos.

En la elección del centro educativo, las familias tienen en cuenta mucha información que les llega através de internet, de amigos, de familiares y de los propios colegios en los que están interesados. A partir de ahora, Scholarum.es ofrecerá un dato más a tener en cuenta en la toma de decisión: la nota de selectividad.

El buscador de colegios recoge la información publicada por el periódico Magisterio –editado por Siena, editora de la revista PADRES– sobre las calificaciones de selectividad de los colegios de Cantabria, Castilla-La Mancha, Galicia, Comunidad de Madrid y Comunidad Valenciana en distintos años desde 2006.

Esta información, aportada por las universidades que realizan las pruebas o por las propias consejerías de Educación, será actualizable por los centros siempre y cuando certifiquen el dato con documentación oficial. Además, los colegios aportarán otros detalles que permitirán a los usuarios poner en contexto las calificaciones de selectividad para poder elegir el mejor colegio para sus hijos.

Opiniones de los usuarios

La experiencia de otras familias, de ex alumnos o incluso de los profesores del centro son una información muy útil para valorar en qué medida un colegio responde a lo que se está buscado. Scholarum.es quiere facilitar el intercambio de opiniones y así ayudar a las familias que ahora están en ese proceso.

Por este motivo, la web anima a todos los que la visitan a dejar una opinión sobre los colegios con los que han tenido o tienen relación, ya sea como antiguo alumno o como una familia con hijos en el centro, entre otras posibilidades. Esta relación entre los usuarios será una gran oportunidad para poner de nuevo en contexto la información objetiva que aportan los datos de selectividad.

Puesto que todos los contenidos de la plataforma pueden compartirse en las principales redes sociales que facilitan la participación, la opinión de la comunidad que rodea un colegio será la encargada de valorar las particularidades, las fortalezas o los puntos de mejora de todos los colegios de España.

El espíritu de ‘La Pepa’, vivo 200 años después en los centros

Coincidiendo con la conmemoración del 200 aniversario de la primera Constitución Española “La Pepa”, los alumnos y profesores de los Ciclos formativos de Preimpresión en Artes Gráficas, Diseño y Producción Editorial y Producción en Industrias Gráficas del IES Puerta Bonita, han llevado a cabo una labor de investigación sobre el contexto histórico, social e iconográfico de la época para después realizar el diseño, preimpresión, impresión y postimpresión de una edición especial de la Constitución de 1812 y una revista sobre “El arte de Francisco de Goya en la época de La Pepa”.

Coincidiendo con la conmemoración del 200 aniversario de la primera Constitución Española “La Pepa”, los alumnos y profesores de los Ciclos formativos de Preimpresión en Artes Gráficas, Diseño y Producción Editorial y Producción en Industrias Gráficas del IES Puerta Bonita, han llevado a cabo una labor de investigación sobre el contexto histórico, social e iconográfico de la época para después realizar el diseño, preimpresión, impresión y postimpresión de una edición especial de la Constitución de 1812 y una revista sobre “El arte de Francisco de Goya en la época de La Pepa”.

El proyecto de producción real de una edición especial (200 ejemplares) de la Constitución de 1812, y de la revista (300 ejemplares) son algunos de los  proyectos que se llevan a cabo en la Semana de Producción del IES Puerta Bonita, que este año aprovecha el aniversario

“El problema con el TDAH es que se tiene poca paciencia”

Los héroes de Francis Scott Fitzgerald son tortuosos, quebradizos y llenos de matices, como los primeros años del siglo XX en los que comenzó a adquirir la dimensión de autor que la historia ha terminado por otorgarle con mucho merecimiento.

Fitzgerald nació a finales del siglo XIX y si decimos que comenzó a escribir a principios del siglo XX, es decir, a muy temprana edad, fue porque así sucedió: durante su estancia en el Saint Paul Academy and Summit School de Minnesota, el autor de Suave es la noche o El gran Gatsby pintarrajeaba las tapas de sus libros, dejaba volar su mente con facilidad, se abstraía en las clases y se dedicaba a soñar, seguramente, con Zelda, la mujer que aún no conocía y que, años después, marcó su vida de adulto. Hoy, ese niño no podría haber escrito cuentos. Probablemente hubiera sido víctima de un diagnóstico de déficit de atención por haber tenido la mirada perdida y las tapas de los cuadernos decoradas. Un habitual de nuestras páginas, el psiquiatra Paulino Castells, se rebela junto a su hermana, la doctora en Farmacia Marta Castells, contra los cánones establecidos ante el TDAH y el déficit de atención y nos lo cuenta en su último libro: TDAH: un nuevo enfoque.

 

P. Siendo un tanto genérico, parece haber dos frentes en el estudio del TDAH: quienes lo tratan como a muchas otras enfermedades psiquiátricas y lo intentan solucionar con medicación y quienes la consideran un trastorno conductual y tratan el problema a medio plazo, para lo que hace falta más tiempo, lógicamente. ¿Existe un término medio?

R. Sin duda existe un término medio: el sentido común. Estamos viviendo una supuesta pandemia de TDAH que ha hecho saltar todas las alarmas sociales y es lógico que aparezcan posturas contrarias a la medicación a ultranza.

P. Usted defiende un estudio del caso, del entorno, de la familia… ¿Dónde comienza ese análisis?

R. Tomando el pulso emocional de la familia. Es decir, analizando pormenorizadamente cada una de las situaciones que plantea la familia: ¿cómo se comporta un niño supuestamente con TDAH en casa con sus padres y hermanos? ¿cómo está su relación social? ¿en el colegio lo machacan o aceptan su conducta?, etc. etc.

P. Los padres de un niño detectan un comportamiento que pueda estar asociado al TDAH. ¿Cómo deben actuar?

R. Consultando con su pediatra, que es el profesional que mejor conoce al niño y a su familia. Luego, el pediatra si ve sospechas de TDAH, lo remitirá al especialista paidopsiquiatra o neuropediatra, para que elaboren su diagnóstico.

P. En muchas ocasiones, los profesores se enfrentan con chavales con déficit de atención que revolucionan una clase entera, o los padres con un hijo que hace lo propio en casa. ¿Qué consejos podemos darles en primer lugar?

R. Soy consciente del desgaste emocional que produce un niño revoltoso en el aula y en el hogar, y lo analizamos con profundidad en nuestro libro TDAH. Un nuevo enfoque. Obviamente, hay que informar a los padres y maestros de que el niño en cuestión no quiere “molestar a propósito” sino que su actitud no depende de su control. A veces, con esta simple información se calman las situaciones enfrentadas… pero, lo que no es permisible, es la “moda” actual de maestros que reclaman (y exigen) a los progenitores que mediquen a sus hijos para que no les alteren la clase. Por aquí, no paso.

P. La visión conjunta de su último libro en compañía de su hermana, una doctora en Farmacia, es interesante y novedosa. Ella, por ejemplo, relaciona muy estrechamente la alimentación y el TDAH, mientras que usted habla de una visión global y de soluciones, casi, personalizadas. ¿Se puede generalizar en un problema como el TDAH?

R. Todo lo que expone mi hermana Marta en el libro, en su vertiente de farmacéutica experta en alimentación, es de lo más novedoso, y creo que abrirá un antes y un después en la prevención y tratamiento del TDAH. Lo que yo aporto, bajo mi visión de psiquiatra de familia, con bastantes años a cuestas en estas labores, es la vertiente operativa para tratar estos casos.

P. ¿Qué opina sobre el tratamiento farmacológico como primera opción para tratar trastornos conductuales, no únicamente el TDAH, sino la anorexia o la bulimia? ¿Está en extinción la llamada medicina humanista?

R. Contesto primero a su segunda pregunta. En absoluto está en extinción la medicina humanística, sino que está más vigente que nunca.

Respecto al tratamiento farmacológico del TDAH y otras patologías frecuentes en el ámbito psiquiátrico, ya dejo bien claro en el libro que soy un defensor de la gran eficacia del arsenal terapéutico medicamentoso de que disponemos actualmente los profesionales de la salud mental. Ahora bien, a lo que me opongo es a la gran facilidad en que se dispensan actualmente muchos fármacos, que con un poco más de paciencia y de humanidad en la entrevista médica, quizá no serían necesarios.

P. ¿Hasta qué punto el entorno influye? Hay estudios, como los de Steven Pinker, que opinan que determinados comportamientos y conductas, como los que hablamos, están impresos en el código genético y que difícilmente se pueden modificar. ¿Qué opina sobre ello?

R. Hace tiempo que ya no tiene vigencia el dicho castellano de “genio y figura hasta la sepultura”. La genética tiene su parcela en el diseño de enfermedades y en la eclosión de las mismas… quizá en un 20 o 30 por ciento, no más; pero el entorno se ha visto con una gran capacidad “terapéutica” para neutralizar la influencia hereditaria, sin olvidar los actuales descubrimientos de la epigenética, que es la capacidad de cambiar los genes de generación en generación por el ambiente.

 

 

Los héroes de Francis Scott Fitzgerald son tortuosos, quebradizos y llenos de matices, como los primeros años del siglo XX en los que comenzó a adquirir la dimensión de autor que la historia ha terminado por otorgarle con mucho merecimiento. Fitzgerald nació a finales del siglo XIX y si decimos que comenzó a escribir a principios del siglo XX, es decir, a muy temprana edad, fue porque así sucedió: durante su estancia en el Saint Paul Academy and Summit School de Minnesota, el autor de Suave es la noche o El gran Gatsby pintarrajeaba las tapas de sus libros, dejaba volar su mente con facilidad, se abstraía en las clases y se dedicaba a soñar, seguramente, con Zelda, la mujer que aún no conocía y que, años después, marcó su vida de adulto. Hoy, ese niño no podría haber escrito cuentos. Probablemente hubiera sido víctima de un diagnóstico de déficit de atención por haber tenido la mirada perdida y las tapas de los cuadernos decoradas. Un habitual de nuestras páginas, el psiquiatra Paulino Castells, se rebela junto a su hermana, la doctora en Farmacia Marta Castells, contra los cánones establecidos ante el TDAH y el déficit de atención y nos lo cuenta en su último libro: TDAH: un nuevo enfoque.Fitzgerald nació a finales del siglo XIX y si decimos que comenzó a escribir a principios del siglo XX, es decir, a muy temprana edad, fue porque así sucedió: durante su estancia en el Saint Paul Academy and Summit School de Minnesota, el autor de Suave es la noche o El gran Gatsby pintarrajeaba las tapas de sus libros, dejaba volar su mente con facilidad, se abstraía en las clases y se dedicaba a soñar, seguramente, con Zelda, la mujer que aún no conocía y que, años después, marcó su vida de adulto. Hoy, ese niño no podría haber escrito cuentos. Probablemente hubiera sido víctima de un diagnóstico de déficit de atención por haber tenido la mirada perdida y las tapas de los cuadernos decoradas. Un habitual de nuestras páginas, el psiquiatra Paulino Castells, se rebela junto a su hermana, la doctora en Farmacia Marta Castells, contra los cánones establecidos ante el TDAH y el déficit de atención y nos lo cuenta en su último libro: TDAH: un nuevo enfoque.

 

P. El TDAH es un trastorno relativamente reciente. Lo que antes era un chaval nervioso se ha convertido en un enfermo al que medicar, antes de investigar los motivos de su comportamiento. ¿Cómo se ha llegado a esta situación tan curiosa?

 

 

 

R. Porque nuestra sociedad actual quiere tener al personal lo más uniformizado posible, sin que haya elementos que distorsionen lo que se entiende por “políticamente correcto”… y nuestros hijos no escapan de este omnipresente control. Hoy día todo niño un poco más movido de lo “normal” y algo más distraído de lo habitual”, no se libra de que le coloquen una pastilla en la boca y le pongan una supuesta etiqueta de TDAH.

 

 

 

P. ¿Dónde acaba un niño nervioso y empieza la hiperactividad, si es que hay una línea que lo separe?

 

 

 

R. Esta frontera que delimita al niño “problemático” (el niño “trasto”, para entendernos) del niño con “trastorno” (potencial merecedor del diagnóstico de TDAH), la corremos hacia un lado o hacia otro según nuestras apetencias y paciencias, tanto a nivel de padres como de maestros.

 

 

 

P. Siendo un tanto genérico, parece haber dos frentes en el estudio del TDAH: quienes lo tratan como a muchas otras enfermedades psiquiátricas y lo intentan solucionar con medicación y quienes la consideran un trastorno conductual y tratan el problema a medio plazo, para lo que hace falta más tiempo, lógicamente. ¿Existe un término medio?

 

 

 

R. Sin duda existe un término medio: el sentido común. Estamos viviendo una supuesta pandemia de TDAH que ha hecho saltar todas las alarmas sociales y es lógico que aparezcan posturas contrarias a la medicación a ultranza.

 

 

 

P. Usted defiende un estudio del caso, del entorno, de la familia… ¿Dónde comienza ese análisis?

 

 

 

R. Tomando el pulso emocional de la familia. Es decir, analizando pormenorizadamente cada una de las situaciones que plantea la familia: ¿cómo se comporta un niño supuestamente con TDAH en casa con sus padres y hermanos? ¿cómo está su relación social? ¿en el colegio lo machacan o aceptan su conducta?, etc. etc.

 

 

 

P. Los padres de un niño detectan un comportamiento que pueda estar asociado al TDAH. ¿Cómo deben actuar?

 

 

 

R. Consultando con su pediatra, que es el profesional que mejor conoce al niño y a su familia. Luego, el pediatra si ve sospechas de TDAH, lo remitirá al especialista paidopsiquiatra o neuropediatra, para que elaboren su diagnóstico.

 

 

 

P. En muchas ocasiones, los profesores se enfrentan con chavales con déficit de atención que revolucionan una clase entera, o los padres con un hijo que hace lo propio en casa. ¿Qué consejos podemos darles en primer lugar?

 

 

 

R. Soy consciente del desgaste emocional que produce un niño revoltoso en el aula y en el hogar, y lo analizamos con profundidad en nuestro libro TDAH. Un nuevo enfoque. Obviamente, hay que informar a los padres y maestros de que el niño en cuestión no quiere “molestar a propósito” sino que su actitud no depende de su control. A veces, con esta simple información se calman las situaciones enfrentadas… pero, lo que no es permisible, es la “moda” actual de maestros que reclaman (y exigen) a los progenitores que mediquen a sus hijos para que no les alteren la clase. Por aquí, no paso.

 

 

 

P. La visión conjunta de su último libro en compañía de su hermana, una doctora en Farmacia, es interesante y novedosa. Ella, por ejemplo, relaciona muy estrechamente la alimentación y el TDAH, mientras que usted habla de una visión global y de soluciones, casi, personalizadas. ¿Se puede generalizar en un problema como el TDAH?

 

 

 

R. Todo lo que expone mi hermana Marta en el libro, en su vertiente de farmacéutica experta en alimentación, es de lo más novedoso, y creo que abrirá un antes y un después en la prevención
y tratamiento del TDAH. Lo que yo aporto, bajo mi visión de psiquiatra de familia, con bastantes años a cuestas en estas labores, es la vertiente operativa para tratar estos casos.

 

 

 

P. ¿Qué opina sobre el tratamiento farmacológico como primera opción para tratar trastornos conductuales, no únicamente el TDAH, sino la anorexia o la bulimia? ¿Está en extinción la llamada medicina humanista?

 

 

 

R. Contesto primero a su segunda pregunta. En absoluto está en extinción la medicina humanística, sino que está más vigente que nunca.

 

 

 

Respecto al tratamiento farmacológico del TDAH y otras patologías frecuentes en el ámbito psiquiátrico, ya dejo bien claro en el libro que soy un defensor de la gran eficacia del arsenal terapéutico medicamentoso de que disponemos actualmente los profesionales de la salud mental. Ahora bien, a lo que me opongo es a la gran facilidad en que se dispensan actualmente muchos fármacos, que con un poco más de paciencia y de humanidad en la entrevista médica, quizá no serían necesarios.

 

 

 

P. ¿Hasta qué punto el entorno influye? Hay estudios, como los de Steven Pinker, que opinan que determinados comportamientos y conductas, como los que hablamos, están impresos en el código genético y que difícilmente se pueden modificar. ¿Qué opina sobre ell

 

R. Hace tiempo que ya no tiene vigencia el dicho castellano de “genio y figura hasta la sepultura”. La genética tiene su parcela en el diseño de enfermedades y en la eclosión de las mismas… quizá en un 20 o 30 por ciento, no más; pero el entorno se ha visto con una gran capacidad “terapéutica” para neutralizar la influencia hereditaria, sin olvidar los actuales descubrimientos de la epigenética, que es la capacidad de cambiar los genes de generación en generación por el ambiente. P. El TDAH es un trastorno relativamente reciente. Lo que antes era un chaval nervioso se ha convertido en un enfermo al que medicar, antes de investigar los motivos de su comportamiento. ¿Cómo se ha llegado a esta situación tan curiosa?R. Porque nuestra sociedad actual quiere tener al personal lo más uniformizado posible, sin que haya elementos que distorsionen lo que se entiende por “políticamente correcto”… y nuestros hijos no escapan de este omnipresente control. Hoy día todo niño un poco más movido de lo “normal” y algo más distraído de lo habitual”, no se libra de que le coloquen una pastilla en la boca y le pongan una supuesta etiqueta de TDAH.P. ¿Dónde acaba un niño nervioso y empieza la hiperactividad, si es que hay una línea que lo sepR. Esta frontera que delimita al niño “problemático” (el niño “trasto”, para entendernos) del niño con “trastorno” (potencial merecedor del diagnóstico de TDAH), la corremos hacia un lado o hacia otro según nuestras apetencias y paciencias, tanto a nivel de padres como de maestros.

 

La letra con la tableta entra

Las TIC se convierten en nuestros aliados a la hora de intervenir en los trastornos de Aprendizajes. La tableta digital aporta unas prestaciones y ventajas que otros dispositivos no tienen lo que la harán imprescindible en unos años.

El lenguaje escrito es una exigencia básica en el medio escolar, es la llave para la comprensión de los contenidos y el medio por el que se evaluan todos los conocimientos. De ahí la máxima importancia en resolver las dificultades que pueda presentar este aprendizaje.

La instrucción asistida por ordenador para los programas de intervención en los trastornos de la escritura son efectivos. Según afirma María Peñafiel Puerto, directora del Centro de Intervención del Lenguaje del CSEU La Salle “El tratamiento con apoyo informático resulta una gran ayuda para la representación ortografica del léxico y para aumentar la motivación a estas tareas, frecuentemente repetitivas”.

Las tecnologías de la información contribuyen a la mejora del rendimiento de una forma individualizada en habilidades ortográficas ya que permiten personalizar el contenido de aprendizaje y regulan la instrucción. Una correcta aplicación destinada a ello favorece la interacción y el aprendizaje colaborativo reforzando la autoestima, la seguridad y la autoconfianza ya que no hay comentarios desaprobatorios.

Investigación

Desde el Centro de Intervención se ha elaborado una investigación para poner a prueba las ventajas de las Tabletas en la intervención de los trastornos de la escritura como disgrafías o dificultades de la escritura.

Uno de los objetivos era observar como se produce un aumento de la motivación y el desarrollo del trabajo autónomo, ya que permiete la autocorrección lo que supone un refuerzo inmediato.

Otro objetivo fundamental es la posibilidad de determinar cúal es el entrenamiento específico en los distintos procesos que intervienen en la escritura: planificación, sintácticos, léxicos y motores adaptado a las tabletas digitales.

En realidad cumple con las funciones de cuaderno digital, ya que permite la escritura manuscrita y el dibujo con el lápiz digital a mano alzada sobre la pantalla en posición horizontal. Pero tiene la ventaja de que se pueden convertir estas notas manuales en texto mecanografiado y tratarlos con un procesador de textos convencional.

El lápiz digital también sustituye a un ratón y al teclado si se quiere, lo que aumenta las posibilidades de ejercicios interactivos. De hecho ya existen multiples aplicaciones de escritura pero, como ya hemos comentado antes, la ventaja es poder tener una especialmente diseñada para el problema de cada niño.

“Utilizar la escritura manual tiene claras ventajas para los niños ya que escriben igual que en el cuaderno y no pierden tiempo aprendiendo a escribir en el teclado del ordenador” afirma Peñafiel.

Dislexia y disgrafia

En los casos de Dislexia y Disgrafía, para el proceso de composición y planificación del mensaje el uso de una tableta permite la realización de esquemas, mapas conceptuales con flechas y subrayados y la utilización de distintos caracteres, en definitiva, una serie de recursos que son de gran ayuda para estos niños.

Para la mejora de la grafía, la tableta ayuda ya que al utilizar la escritura manual, el reconocimiento de caracteres a veces escribe una palabra distinta con lo que el disgráfico se da cuenta que de no lo ha escrito lo suficientemente claro y puede corregir su herror, también permite controlar la presión de los movimientos manuales.