Queso mordido

Autor: padresycolegios.com

Un día apareció el queso de la nevera mordisqueado como si hubiera un ratón en casa. Cuando la madre, Elena, preguntó a sus dos hijos si sabían que había pasado, nadie parecía haber visto nada ni saber nada del asunto. Pasó tiempo hasta que Carlos, el más pequeño de la familia con cinco años dijo sin sentirse muy seguro por temor a represalias: ¡Creo que he sido yo!

Fundir los plomos

Autor: padresycolegios.com

Estando de vacaciones en familia, el abuelo se puso malo. Los niños de la casa,
dos hermanos, Luis y Alfonso, de 5 y 4 años respectivamente, decidieron ponerle
unos paños de agua caliente como habían visto en algún sitio que se hacía cuando
las personas mayores estaban enfermas. Así que, ni cortos ni perezosos cogían
papel del wc y lo calentaban encima de una bombilla antes de ponérselo al abuelo
en la frente. Al cabo de un rato se fue la luz. ¡Se habían fundido los plomos de
toda la casa!

El femenino…

Autor: padresycolegios.com

A veces, hablar del femenino de los animales puede resultar embarazoso. Eso pensó Flora cuando, jugando con su hija Mariam a adivinar el femenino de los animales, su hija contestó sin pensárselo dos veces. ¿Para qué complicarse? Primero la madre preguntó el femenino de gato. Mariam contestó rauda y veloz. ¡Pues gato!. Muy bien pensó la madre. Ahora adivina el femenino de cerdo. ¡Pues cerdo!, dijo Mariam. El problema surgió cuando Flora le pidió que averiguara el femenino del pollo.

La autonomía de nuestros hijos La mejor ayuda, no ayudar

Todos los padres, o la mayoría de ellos, nacemos con el instinto
programado de amar y proteger a nuestros hijos. Les queremos
evitar sufrimientos, dolor, rodear de cariño y de seguridad.
Pero, ¿sabemos cómo se hace eso? ¿Creéis que evitándole
errores, fracasos o decepciones lo conseguiremos? ¿Creéis
que haciéndoles la vida más cómoda y fácil se sentirán más
seguros y fuertes?

Autor: Elena Roger

Muchos padres sabéis que ofrecer a vuestros hijos la oportunidad de equivocarse es ofrecerles también la oportunidad de aprender, de rectificar errores y mejorar. De madurar, en definitiva. Pero este principio se puede ampliar y enriquecer. Podemos ir más allá y no solo dejar que nuestros hijos se equivoquen y aprendan de sus errores sino además ayudarles a «separarse de nosotros».
Esto, que puede asustar a más de uno, se traduce en dos palabras: dejar libertad. Nuestros hijos no son propiedad nuestra ni tampoco nosotros somos parte de ellos ni ellos de nosotros. Son individuos en constante proceso de crecimiento, con necesidades e ideas independientes a las nuestras y con un proceso de maduración distinto al que nosotros tuvimos a su misma edad. No debemos hacerles creer que somos indispensables para ellos o que nos necesitan para ser ellos mismos.
Haim G. Ginott, en su libro Entre padres e hijos, de la editorial Medici, afirma que un buen padre, como un buen maestro, es el que se hace cada vez menos indispensable para los niños.
¿Qué quiere decir esto? Pues que debemos enseñar a nuestros hijos a ser autónomos e independientes.
En el día a día en casa este principio no es tan evidente. Cuando son bebés nos es fácil ayudarles a ser independientes de manera inconsciente: les mostramos su reflejo ante un espejo, les hacemos La autonomía de nuestros hijos La mejor ayuda, no ayudar cosquillas para identificar las diferentes partes del cuerpo, les fomentamos el arrastre y gateo… todo son pasos inconscientes que damos hacia este objetivo final.

BUENAS INTENCIONES

Pero en otras ocasiones actuamos con la mejor de nuestra intenciones, con todo el amor del mundo, pero no lo hacemos todo lo bien que sabemos. Cada día ocurren decenas de circunstancias que sin darnos cuenta dicen sin palabras a nuestros hijos que ellos mismos no se bastan y necesitan de nuestra ayuda:
– Esa pieza del puzzle no va ahí, cariño, va aquí.
– Tu no puedes solito. Ven que te abroche los zapatos (por cierto, ¿cuántos niños de 10 años saben abrochárselos hoy en día?).
– Te voy a poner guapísimo. Ven que te peine y te ponga colonia.
– Te pongo el bocadillo dentro de la mochila para que no se te olvide.
– Estos deberes son dificilísimos para ti. Deja que te ayude.
– No te preocupes, cielo. Encontraré tu peonza y cuando vuelvas del colegio ya la tendrás.
– Te he preparado la ropa de mañana.
– Deja que abra yo el paquete de galletas. Tú no podrás.

Cuando nuestro hijo se esfuerza por superar un reto o un problema, es lógico sentir el impulso de ayudarlo. Sin embargo, si queremos ayudarle debemos no ayudarle en ese momento, como dice Haim G. Ginott. En ese momento nuestro hijo lucha para saber hasta qué punto es autónomo y su opinión sobre él mismo dependerá directamente de la frecuencia y manera en que le ayudamos.

CÓMO AYUDAR

¿Quieres saber cómo ayudar a tu hijo a ser autónomo?
La teoría está clara y la mayoría de vosotros estará de acuerdo con este planteamiento pero, ¿sabéis cómo conseguir que vuestros hijos sean más autónomos e independientes en la práctica? ¿Cómo se fomenta este hábito desde casa?
Casi todos sabemos que establecer tareas para cada uno de nuestros hijos en casa fomenta la responsabilidad (Carlos saca la basura, Clara pone la mesa, Javi compra el periódico cada fin de semana, todos se hacen su cama y tiran la ropa a lavar), casi todos sabemos que debemos graduarles las dificultades en función de la edad y capacidad madurativa, casi todos sabemos que hay que dejarles explorar, dejarles equivocarse, dejarles aprender por ensayo-error.
tomar sus propias decisiones en cada etapa de su vida y en proporción a su capacidad madurativa, si es capaz de asumir responsabilidades y de hacer las cosas por sí mismo acabará creyéndose un individuo competente y, de hecho, será un individuo competente.

© solohijos.com

Fumar a escondidas desde los 13

Nada de amenazas. Frente al consumo de tabaco por los jóvenes,
los padres debemos mostrarles las consecuencias inmediatas
del pernicioso hábito.

Autor: MAR VILLASANTE

Prueban y se quedan. Seis de cada diez jóvenes de entre 14 y 18 años ha fumado
alguna vez y casi una tercera parte son fumadores activos antes de cumplir los
18. La edad media de inicio del consumo de tabaco es de 13 años, aunque la
mayoría empiezan a los doce. Sólo un año o dos más tarde, a los 14, ya son
consumidores diarios. De modo que, después del alcohol, el tabaco se ha
convertido en la droga más consumida entre los adolescentes.
Son cifras de la
última encuesta del Plan Nacional sobre Drogas,correspondientes al año 2004, que
revelan el alarmante dato de la precocidad con la que los jóvenes se enganchan
al tabaco.
A pesar de las insistentes campañas de sensibilización, España ha
sido el único país europeo en el que ha aumentado el consumo de tabaco entre los
jóvenes, empujados por «el deseo de adoptar conductas de adultos, atreverse con
lo prohibido o integrarse en el grupo», explica María José Prieto, psicóloga de
la Agencia Antidroga de Madrid.
¿Qué debemos hacer si descubrimos que
nuestros hijos fuman a escondidas? «Lo primero es no obsesionarse», señala la
psicóloga, «hablar con ellos y escucharles, hacerles preguntas abiertas más que
sugerencias». Es decir, que en lugar de amenazarle con un «te voy a romper la
cara» o un «no fumes, eso es malo», podemos recurrir al «¿Por qué fumas? ¿Qué te
aporta? ¿Qué consecuencias crees que tiene? ¿Por qué fumas ahora si cuando eras
pequeño nos reñías a nosotros?»
Mercedes, madre de un chico de 15 años,
recuerda que «mi hijo es el que desde muy pequeño me dice que deje de fumar».
«Lo hemos hablado muchas veces y yo le digo: ya ves que quiero dejarlo y no
puedo, si das una calada te puede pasar lo mismo que a mí». «A mi hijo nunca se
lo diré, pero yo empecé a los 14», se lamenta.
A la hora de exponerles las
razones para no fumar, la psicóloga María José Prieto recomienda que no acudamos
a las consecuencias a largo plazo, porque «un adolescente no tiene la sensación
de que su salud es vulnerable, así que si le decimos que va a tener un cáncer de
pulmón o una enfermedad aguda respiratoria se parte de risa». Por eso, es mejor
recurrir a las cosas que les interesan: «Si besas a un chico olerás mal, se te
pondrán los dientes amarillos…». Inconvenientes, en definitiva, para su modo
de vida adolescente.

GUÍAS CONTRA EL ALCOHOL PARA PADRES, ALUMNOS Y PROFESORES

Autor: padresycolegios.com

La Fundación Alcohol y Sociedad
ha editado sendas guías
sobre el consumo de bebidas
alcohólicas durante la adolescencia
dirigidas a alumnos,
padres y profesores de toda
España. Los documentos proporcionan
información útil sobre
el alcohol en cuanto a temas
esenciales como los efectos
que produce en el organismo
o su papel en la sociedad.
Aquella dirigida a estudiantes
ha llegado a 450.000 chavales
entre 12 y 18 años gracias a
la visita de la fundación a centros
educativos de todo el territorio
nacional, mientras que
la guía destinada a los padres
–editada con formato de periódico
de información general–
recaló en 410.000 hogares
españoles.
Por su parte, la información
distribuida entre los profesores
de Secundaria ofrece
nociones básicas sobre el tratamiento
de las bebidas alcohólicas
en la publicidad, al
tiempo que propone actividades
a realizar con los alumnos.
Con un cuidado diseño, la guía
de estudiantes y la de profesores
se complementan mutuamente,
compartiendo estilo,
contenidos y objetivos.

La risa, la mejor y más barata de las medicinas

La risa es la mejor y más barata de las medicinas y combate,
cuando menos, el mal humor. Los niños lo descubren
de forma espontánea pocas semanas después
del nacimiento. Esa primera sonrisa despierta en nosotros
ternura y los mejores sentimientos. Durante toda
la infancia, la risa le acompañará y llenará nuestro
hogar de uno de los sonidos más bellos.

Autor: CARMEN HERRERA GARCÍA

El sentido del humor es necesario en la vida familiar tanto como la disciplina,
la educación o los valores. Las relaciones entre padres e hijos que permiten y
dedican tiempo a las diversiones, el buen humor y la risa son más sanas, menos
tensas y más cordiales.

– El sentido del
humor es un sentido eminentemente humano.

Nos permite ver los
problemas en su dimensión correcta, ni sobrestimados ni subestimados. Saber
reírnos de nuestros errores y asperezas facilita reconducir situaciones que, de
otro modo, aumentarían las tensiones y los conflictos.

– A los niños les encanta reír, les gustan las bromas, las
expresiones de buen humor y la alegría.
A los padres nos es
fácil hacerles reír cuando son bebés, pero a medida que crecen y empezamos a
sentir la responsabilidad de su educación podemos, poco a poco, alejarnos de las
expresiones diarias de alegría con que nos dirigíamos a ellos cuando eran
pequeños. Nos ponemos perfeccionistas y, llevados por la tensión y el estrés,
pasamos la mayor parte del tiempo corrigiendo de forma reactiva o haciendo
énfasis en los errores, los conflictos y las dificultades que, por otro lado,
son características de seres en continuo aprendizaje. Y nos olvidamos de pasar
tiempo con ellos divirtiéndonos. Dejamos de lado la alegría y el buen humor que
tanto nos pueden ayudar en su educación. Y dejamos, por ende, de ser modelos de
personas alegres y divertidas, dignas de ser imitadas por nuestro alto sentido
del humor. Conviene recordar que los niños aprenden, sobre todo, por imitación,
y cuanto más dignos de crédito son los modelos a imitar, más duradero será el
aprendizaje.

– Seamos conscientes de que la
alegría y el buen humor también se educan.
A los niños les
encanta reír y les encantan las bromas. Las familias que logran pasar tiempo
divirtiéndose juntas crean vínculos de relación más estrechos y duraderos. Es
conveniente, por tanto, pasar tiempo juntos en actividades lúdicas a menudo.
Recuerdo una niña de siete años que, tras un paseo invernal por la playa con su
papá y sus hermanos en el que jugaron y corrieron todo el tiempo, al regresar a
casa hizo un dibujo que lograba transmitir con enorme fuerza los intensos
momentos de diversión que acababa de vivir.


Los padres podemos enseñar a nuestros hijos a no sobredimensionar los problemas
a través del buen humor y la alegría.
En cierta ocasión, tras
un largo viaje, un paquete de cacao en polvo se abrió dentro de nuestra maleta
de ropa manchándolo todo. En el momento en que lo vimos podíamos habernos
quejado y lamentado por la ropa, etc. En vez de eso, empezamos a reír y a ver el
lado divertido del asunto, comentando que tendríamos que meter los pantalones en
el vaso de leche para aprovechar el cacao, o que tal vez la mejor idea sería
«vaciar la leche directamente en la maleta y tener un montón de leche
chocolateada». Nuestros hijos aún recuerdan el incidente con risas y, en su
momento, lo comentaron con los amigos como algo tremendamente divertido. A lo
largo del día tenemos muchas oportunidades de vivir nuestra relación con los
niños de forma alegre y divertida, pero hemos de ser capaces de reconocerlos y
de vivirlos sin miedo a que las normas o la disciplina se vean afectadas. Un
padre divertido y alegre es tan o más digno de crédito que aquel padre huraño y
culpabilizador. De hecho, a nosotros mismos nos es mucho más grato compartir
nuestro tiempo con personas de trato alegre y cordial que con aquellas que
siempre se quejan o protestan por todo.


Pero lo que hemos de evitar es reírnos de los niños.

Si nos
reímos de sus errores, podemos menoscabar su autoestima dado que se encuentran
todavía en una etapa inmadura en la que necesitan afianzar la confianza en sí
mismos. Frente a un error deberemos primero saber qué opina nuestro hijo de lo
sucedido y después podremos ayudarle a ver el lado divertido del asunto puesto
que ya conocemos sus sentimientos.

– Es
recomendable comprobar el humor que ven nuestros hijos en
televisión.

A menudo se utiliza un humor que daña a los demás
para hacer reír. Es necesario que sepan que no podemos reírnos a costa del dolor
producido a otros.

© solohijos.com

Pedro Duque. Ingeniero aeronáutico"Hay que enseñar a los padres que es honorable no ir a la universidad"

Casado y con tres hijos, Pedro Duque es, ante todo, un deportista
aficionado a la natación, el submarinismo y la bicicleta. Llega a la
entrevista en moto, con la que se mueve a velocidad de cohete.

Autor: MARTA SERRANO

A caballo entre Estados Unidos y España, Pedro Duque conoce bien nuestro sistema
educativo y, a pesar de ser muy tímido y modesto, le gusta rodearse de niños y
jóvenes cada vez que imparte una de sus clases magistrales. Es todo un ejemplo a
seguir.

Pregunta. ¿Qué importancia cree que tiene en la
educación el entorno familiar y la relación con los padres y el resto de
hermanos?
Respuesta. Muchísima. Fíjate que yo soy hijo de
una maestra de Primaria, así que, como comprenderás, creo que el entorno
familiar es fundamental.
P. ¿Quizá por eso tu pasión por los
jóvenes y tu colaboración como profesor universitario?
R. Yo
no me siento profesor como tal. Colaboro con la Universidad Politécnica de
Madrid en un proyecto tecnológico.
P. ¿No impartes también
conferencias y clases magistrales?
R. Bueno, las
conferencias es algo que no se puede evitar porque la gente quiere saber… Y la
curiosidad es buena. No doy clase académica como tal, sólo comento las
experiencias que hemos hecho.
P. ¿Crees que los estudiantes
te ven,por decirlo de alguna manera, como un «bicho raro» por eso de haber
estado en el espacio?
R. Me imagino que
sí…(risas).
P. ¿Cómo ves el nivel educativo de los chavales
aquí en España comparándolo con los de otros países que
visitas?
R. Sé que los resultados en las comparativas
internacionales nos sitúan por debajo, pero la verdad es que la gente
completamente formada de mi generación, los ingenieros españoles, estamos mejor
o por lo menos igual de formados que en el exterior. En este sentido, enseguida
nos hemos quitado el complejo en cuanto hemos salido a otros países. Ahora, es
verdad que, por lo que me dicen los profesores de los niveles inferiores, cada
vez hay más presión por aprobar a más gente y eso hace que baje el nivel. No
sabemos dónde va a acabar esto.
P. ¿Presión de
quién?
R. Pues en general de la sociedad. Todo el mundo
quiere ser licenciado universitario, pero si a todo el mundo le enseñas muchas
cosas entonces no todo el mundo va a aprobar. Es una dialéctica muy difícil de
solventar.
P. Parece que hoy se traumatiza a los niños si se
les hace repetir…
R. No. Lo que hay que hacer es enseñarles
a los padres sobre todo, porque los niños no tienen la culpa de esto, que tener
una profesión, que no necesariamente pase por la universidad, es algo
perfectamente honorable y que a la gente puede darle una vida con grandes
satisfacciones igual. El problema es que los padres fuerzan a los niños a ir a
la universidad y después encima quieren que los aprueben.

P. ¿Qué crees que aportan las tecnologías a la
Educación?
R. Aportan una herramienta nueva que no sólo es
una herramienta para la educación sino que se convierte en sí mismo en una
materia fundamental para que después los niños de hoy puedan desenvolverse en la
vida cotidiana. Igual que uno ha tenido que aprender a escribir con boli o con
pluma, ahora tienen que aprender a teclear, aprender a manejar el ordenador. En
cualquier caso, esperemos que quiten los teclados
pronto…
P. En tus clases magistrales utilizas estas nuevas
tecnologías o eres más tradicional aplicando el viejo refrán del dicho al hecho…

R. Sí, utilizo presentaciones, vídeos y, desde luego, si
tengo internet en el aula, pues por supuesto lo conecto y lo
proyecto.
P. ¿Conoces las reformas educativas que se están
produciendo?
R. Sobre todo la de las nuevas titulaciones
universitarias. Parece que hay líos de corporativismo, pero creo que se está
haciendo bastante bien y la armonización es importante en Europa para que
tengamos movilidad en el mercado de trabajo y haya
competitividad.
P. Un consejo para las familias para que sus
hijos tengan éxito educativo
R. Dejarles hablar más a los
niños sobre qué es lo que quieren hacer ellos y no necesariamente forzarles a
hacer lo que ellos a lo mejor nunca hicieron.
P. ¿En tu caso
la profesión fue por vocación?
R. Ingeniero aeronáutico
quise ser desde prequeñito y no tuve nunca ninguna duda de que quería estudiar
ciencias hasta el último resquicio.
P. ¿Y si el niño no
tiene vocación?
R. Eso no existe. Todos quieren hacer algo y
el que no, seguro que se le va a ocurrir. Esa es una ventaja de la raza humana,
que todos tenemos siempre la ilusión de hacer algo.

La sutileza, arma contra las malas compañías

A los quince años, si un
adolescente es obligado
a elegir, se queda con
sus amigos antes que
con sus padres.

Autor: PABLO ROVIRA

De los cuatro grandes agentes socializadores en la vida de un adolescente,
escuela, familia, televisión y amigos, éste último quizás sea al que menos
atención presten los padres. O, al menos, sobre el que menos información recaban
para realizar su tarea educativa. «No me gusta ese amigo para ti» es la peor
manera para cuidar las amistades de tu hijo porque «a los quince años, si un
adolescente es obligado a elegir, se queda con sus amigos antes que con sus
padres», señala Mar Sánchez Marchori, pedagoga terapéuta y directora de MSM
Pedagogía Creativa.
En secundaria, la amistad es el máximo indicador de
adaptación personal del joven, le da seguridad. Por eso, no puede verse como un
riesgo, ya que forma parte de la educación del adolescente. «A esas edades, el
niño cambia el nucleo familiar por el social, que son sus amigos y, con el
tiempo, vuelve otra vez a la familia». Por eso, comenta Mar Sánchez, «el padre
tiene que aceptar que el niño crezca con independencia».
Esto no quiere decir
que se desvincule de las amistades de sus hijos. Lo único es que toda actitud al
respecto debe contar con un alto grado de sutileza, «el joven no puede ser
consciente de un control». Así, los padres pueden favorecer ciertas amistades
que consideran saludable, aunque no de un modo directo: «tan malo es decir este
chico no me gusta como idealizar a un amigo, porque el hijo puede ver en él una
prolongación de sus padres».
Por ejemplo, es importante que el adolescente
goce de intimidad cuando vengan sus amigos a casa. «Pueden tener un espacio para
ellos como es la habitación del niño, y si queremos entrar, llamamos a la
puerta», señala esta pedagoga valenciana.

OCIO SEGURO
Otra de estas actitudes
inteligentes de los padres es favorecer el «ocio seguro». Un ejemplo claro se da
en la Nochevieja, una fecha que está cercana. Es normal que el adolescente
quiera salir con sus amigos, en cambio, si los impedimentos paternos para esa
noche son muy altos, quizás opte por otro tipo de Nochevieja como ir a una casa
rural, donde los riesgos aumentan por la carretera y la lejanía. «Es un ejemplo,
pero es bueno que los padres se aseguren de que en lugares seguros, el hijo lo
pase bien».
Además, Mar Sánchez aconseja a los padres mirar más allá de los
signos. El pelo largo, el piercing, la ropa, son en ocasiones pequeñas rebeldías
propias de la edad que desaparecen con el tiempo, pero eso no quita para que
detrás de esos signos externos, esté un amigo que pueda ser beneficioso para el
hijo. «Hay que conocer a sus amigos y sus valores». Es este tema de los valores
algo importante, porque es mejor sustituir frases como «ese chico no me gusta»,
por «tal actitud no me gusta», para que el joven sea consciente de sus propias
amistades.
Es normal buscar las amistades por compatibilidad. No obstante,
«en estas edades, el adolescente también pasa una etapa de frecuentar a gente
diferente a él, hasta que se forma más su propia personalidad». Es más adelante,
en Bachillerato, donde se concretan las amistades duraderas que acompañan toda
la vida. Porque la amistad no debe ser vista como un riesgo, sino, por el
contrario, puede influir positivamente en la madurez de un adolescente.