Vas a estar muy guapa

Autor: padresycolegios.com

A Cristina le gustó tanto cortarse el pelo
en la peluquería que cuando llegó a
su casa se empeñó en cortarle ella la
melena a su hermana Pilar. Ya verás,
–decía– ¡vas a estar guapísima! Su madre
se dio cuenta cuando ya le había dejado
la parte izquierda de la cabeza casi
al cero, y no tuvieron más remedio que
cortarle la otra parte para igualar.

Yo voy a buscarme la vida

Autor: padresycolegios.com

Cristina, de tres años y medio
de edad, dice a sus padres y a
su hermano: –Yo, de mayor, me
buscaré la vida. Su madre le
pregunta: –¿Qué es eso de
buscarse la vida, hija? Pues,
–responde Cristina muy convencida–,
tendré mi familia, cuidaré
a mis hijos, vendré a veros
a papá, a ti y a mi hermano, pero
después volveré con mis hijos
a mi casa.

Educar en la autodisciplina

Disciplina no es castigo o exigencia
desmesurada, sino el orden que
uno mismo aprende a imponerse
para salvaguardar los derechos de
los demás y conseguir sus propósitos
y objetivos.

Autor: Bernabé Tierno

Los padres debemos tener muy claro que para educar convenientemente a nuestros
hijos es imprescindible educar su voluntad. La capacidad de hacer aquello que es
bueno y conveniente aunque no les guste. Y para lograrlo, no hay otro camino que
la disciplina. Pero disciplina no es castigo o exigencia desmesurada, sino el
orden que uno mismo aprende a imponerse para salvaguardar los derechos de los
demás y conseguir sus propósitos y objetivos.

Si entendemos la educación
como proceso de formación de la persona para saber tomar decisiones por sí misma
y auto orientarse, deberemos ayudar al educando mediante la experiencia gradual
de ir venciendo dificultades, de manera que la disciplina se convierta en su
orden de vida para ser dueño de sí mismo, saber orientar sus impulsos,
motivaciones y exigencias de su propia vida y adaptarse a las normas,
obligaciones y restricciones que le impone la convivencia con los
demás.

Podemos hablar de disciplina interior, entendida como auto
dirección, control de sí mismo y capacidad para canalizar las propias energías
con el fin de realizar un ideal, un proyecto personal de vida. La disciplina
interior es la verdadera. La disciplina exterior es sólo un medio, nunca un
fin.

Entendemos por disciplina exterior al conjunto de procedimientos
organizados para obtener de manera inmediata un efecto exterior (orden,
silencio, determinados comportamientos deseables, etc.). Esta disciplina
exterior (que es necesaria) debe subordinarse a favorecer en el educando una
progresiva experiencia de autocontrol.

Recordemos que sin disciplina
interior (verdadera disciplina) no hay carácter, no hay personalidad, sino un
mero amaestramiento.

La disciplina, sin la menor duda es el aprendizaje
de la libertad verdadera, de la libertad interior, pues como bien afirma F.W.

Foerster: «La disciplina y la obediencia sirven de preparación para la libertad
de la personalidad».

La disciplina que parte de una firme decisión
educativa y no de las compensaciones autoritarias de los educadores, proporciona
al niño una gran seguridad emocional, ya que, de no contar con unas normas
claras para orientar su conducta y controlar sus impulsos, el niño termina por
sentirse confuso e inseguro. Sin olvidar que toda disciplina debe estar fundada
sobre el amor.

CRÍA CUERVOS cuando el enemigo es nuestro hijo

Durante el pasado 2005 las fiscalías de menores españolas
tramitaron 6.000 denuncias de padres que habían sufrido agresiones
por parte de sus propios hijos. Víctimas y verdugos a
un tiempo, los niños tiranos son el producto más evidente
de una Educación que parte de supuestos erróneos: la ausencia
de normas, la sobreprotección a toda costa y la concesión
inmediata de cuantos caprichos demanden nuestros
hijos. «Hay niños de siete años que dan puntapiés a sus madres,
y éstas les dicen ´eso no se hace´ mientras sonríen», asegura
Javier Urra en su última obra El Pequeño Dictador. La
falta de juegos colectivos con otros niños, la normalización
de la violencia en televisión y el aumento de las separaciones
traumáticas son otros factores que favorecen la aparición
de un fenómeno inédito en otras épocas.

Autor: RODRIGO SANTODOMINGO

Caprichosos, mimados y sobreprotegidos, los niños tiranos son quizá la cara menos amable de un tipo de Educación que hace tiempo decidió dar la espalda al no, la frustración y la imposición de límites. Una forma de educar basada en la transigencia extrema y el acopio de bienes materiales sin ninguna clase de condiciones. Un modelo formativo que entiende de derechos pero no de deberes. Tras la publicación de El Pequeño Dictador por Javier Urra –primer defensor del menor en España y actualmente psicólogo en la Fiscalía de Menores de Madrid–, el tema está más de moda que nunca. Televisiones y medios impresos le han dedicado espacio y tiempo abundantes, muchas veces resaltando el amarillismo que destila el asunto y destacando una cifra alarmante. Sólo en 2005, la justicia española recibió unas 6.000 denuncias de padres agredidos por sus hijos. A estas hay que añadir los muchos casos protagonizados por menores de 14 años que no recogen las estadísticas.
Y es que el surgimiento de tiranías caseras en las que los papeles tradicionales aparecen invertidos atrae nuestra atención tanto como escandaliza nuestras conciencias.
Más aún, el fenómeno encierra una paradoja que no puede sino desconcertar a los progenitores que decidieron acogerse al modelo permisivo: por no maltratar a mi hijo bajo ningún concepto, he terminado siendo maltratado por él.

¿VÍCTIMA O VERDUGO?

Para evitar malentendidos, Urra inaugura su obra con una advertencia: «La mayoría de los jóvenes no son tiranos, claro que no. Y en todo caso muchos más son víctimas de malos tratos que verdugos».
Denotando un cierto sentimiento de culpa, consciente de que su imagen pública está fuertemente asociada a la lucha por los derechos de la infancia, el autor tarda poco en restar responsabilidad al hijo que ejerce de pequeño dictador. «Los niños pueden no ser inofensivos, pero sí inocentes. Su culpabilidad, su responsabilidad ha de ser compartida por quienes los educamos o maleducamos, los que olvidamos darles las instrucciones de uso para manejar la vida y no les indicamos cómo respetarse a sí mismos y a los demás».
¿Pero cuáles son esos déficits educativos o factores sociales que empujan a un bebé sano (física y mentalmente) y acomodado a las garras del despotismo e incluso la crueldad hacia sus padres?
Hay algunos que se repiten en todos los casos (ver entrevista a continuación), sobre todo la ausencia de límites o el repudio de la frustración. Actitudes ante la Educación que Urra enmarca en una cambio de valores más profundo: «Hemos pasado de la moral del sacrificio y la renuncia al hedonismo. Todo se quiere alcanzar sin esfuerzo».

SEPARACIONES

A esto se añade el papel de unos medios de comunicación que, por repetición y frecuencia, «difuminan la gravedad» de los actos violentos.
Luego están los condicionantes que aparecen en el entorno más inmediato del niño. Ante todo, la familia y todo lo que la rodea: el número de hijos (o hermanos), las separaciones, el estado de la relación matrimonial…
No en vano el niño tirano suele ser hijo único o el más pequeño de la familia. Tampoco es infrecuente que sus padres se hayan separado, casi siempre (en este caso) desplegando una amplia gama de reproches, faltas de respeto, recelos y actitudes poco conciliadoras que descolocan al hijo y, peor aún, le hacen que digiera y normalice la violencia intra-familiar.Por último, ya sea por falta de tiempo o de interés, muchos padres «no ejercen su deber. Han dejado en gran medida de inculcar lo que es y lo que debe ser. Intentan compensar la falta de dedicación a los hijos tratándolos con excesiva permisividad».
Laxitud en la norma, ñoña sobreprotección, violencia legitimada… Un explosivo cóctel que, unido a otras causas individuales, está dotando a nuestros hijos de todas las armas necesarias para que impongan su ley en casa. La solución empieza cuando el hijo nace, y se llama firmeza, cariño y algo de sentido común.



JAVIER URRA

AUTOR DE EL PEQUEÑO DICTADOR

«Es muy difícil ser un canalla cuando notas el sufrimiento ajeno»

Sentado en una terraza del Retiro mientras disfrutamos de una espléndida mañana de fin de semana, Javier Urra despliega su amena locuacidad para explicar cómo y por qué algunos niños y adolescentes cambiaron su inocencia por la inflexible batuta del dictador casero.

P. ¿Hay niños que nunca serían tiranos aunque se dieran todas las condiciones para que lo fueran?
R.
Lo que tengo claro es que ningún niño bien educado sería tirano. Hay niños más difíciles, pero la herencia marca una tendencia, no condiciona. La Educación es fundamental. Si un niño nace bonachón, buen chico, afable, sonriente, cariñoso… y los padres se proponen que sea un chaval conflictivo, hacen una quiniela para fallarlas todas, pues será problemático.
P. ¿Y cuál es la buena Educación para conseguir que no lo sea?
R.
¿Qué es educar? Son aspectos tan sensibles, tan callados, tan de persistencia, tan de coherencia… La gente pregunta ¿y qué le tengo qué decir? ¿y cuándo se lo tengo que decir? ¿y con qué comunicación no verbal? Luego está claro que cada hijo es diferente, no se puede educar igual a todos. Pero el problema central es que se sobreprotege mucho. Hay muchos niños solos, que no salen a jugar a la calle, que no entran en contradicción con nadie, con madres que establecen relaciones casi edípicas.
P. Entre los errores educativos que favorecen convertir al niño en dictador de sus padres, ¿existe alguno que se repita en todos los casos, que sea sine qua non?
R.
No poner límites y no aceptar la frustración. La frustración es parte de la vida. Hay veces que se te muere un amigo, otras vas a coger el coche y se te ha pinchado una rueda. Hay quien reacciona liándose a patadas y quien dice, mira, es la vida… Pero eso hay que transmitirlo. Si todo en casa es presión de consumo, todo «yo el primero, yo soy un depredador…», pues es complicado. Es necesario que tengamos un sentido de trascendencia, de la caridad, la compasión. Es muy difícil ser un canalla si notas el sufrimiento de los demás.
P. ¿Por qué es más fácil que aparezca un tirano en familias con padres separados? ¿Influye más que en esas situaciones se tiende a mimar aún más al niño o quizá que es más difícil educar en soledad?
R.
No pienso que sea cuestión de ser sólo uno. Entre las viudas sería muy difícil que el niño saliera tirano. Sí se da con mayor frecuencia cuando uno de los dos induce contra el otro, cuando hay una lucha de lealtad, cuando las familias se enfrentan, cuando se da un secuestro emocional, el no dejar ver al otro. La verdad es que las separaciones mal llevadas, que son la mayoría, producen una tensión emocional al niño muy nociva.
P. ¿Piensa que la Educación sin límites está empezando a cambiar? ¿qué cada vez hay más gente concienciada de que el darle todo al hijo es contraproducente?
R.
No creo. Espero que este libro sea uno de los primeros que haga ver que no vamos en la dirección correcta. Creo que los hechos son tozudos: la gente sigue sobreprotegiendo. En este sentido, pienso que deberíamos volver a los derechos colectivos en lugar de centrarnos tanto en el derecho personal. El ponerse en el lugar del otro, aquello de que los derechos de uno terminan donde empiezan los de los demás.
P. ¿Cree que el niño tirano suele ser consciente de la gravedad de sus actos? Vi un caso en televisión en el que el niño parecía que tuviera un verdadero trastorno bipolar. Una fiera a veces y otras un corderito arrepentido.
R.
El niño no es un enfermo: sabe lo que hace y sabe lo que quiere. No es capaz de controlarse cuando no se satisface un capricho, pero sí se da cuenta de que lo que hace no está bien. Pero lo hace, siente que tiene que hacerlo, que incluso se lo está demandando el otro. Y esto le produce muchas dudas y un trastorno interno tremendo. En realidad son víctimas de un tipo de maltrato: las fallas de la Educación.
P. Quizá al principio los padres maltratados cedan por comodidad o por falta de recursos de conducta,¿pero es normal que al final lo que tengan sea verdadero miedo a lo que les pueda hacer su hijo?
R.
Sí, sí. Hay un primer momento en el que la madre cree que no enfrentarse, que darle todo, es la pauta educativa correcta. Luego el niño empieza a chantajear: si no haces esto no te quiero, no eres mi madre. La violencia es el último paso. Y al final hay miedo, claro que sí. Nosotros sabemos de padres que duermen encerrados por lo que pueda pasar.
P. El comportamiento tirano, ¿suele desaparecer cuando el niño se acerca a la edad adulta?
R.
No, al revés. Va a más, va en progresión geométrica y se dispara a los 16-18 años, que es el tramo en el que se dan los casos más graves. Lo que en la Fiscalía de Menores no sabemos es qué ocurre después. Mi hipótesis es que muy probablemente se convertirán en agresores de sus parejas y de sus hijos.
P. ¿Cómo se actúa frente a los pequeños dictadores desde el punto de vista legal?
R.
Desde la Fiscalía la solución es decirle al niño «stop, punto, vas a ser sancionado, se te va a quitar la libertad». Luego se retira la tutela a los padres y los servicios sociales trabajan con ellos y con el menor. Se les pregunta cómo afrontan las riñas, se les hace saber qué han podido hacer mal. Y se les dice que la próxima denuncia no serán seis meses de internamiento, sino tres años. En los casos menos graves puede valer un experto o simplemente un referente familiar que encauce las cosas.
P. ¿Hay casos de niños maltratadores en casa que luego salen fuera y aparentan ser perfectamente normales? Un poco como el maltratador que en sociedad es un encanto.
R.
Existen los dos casos. Está el que no es capaz de controlarse en ningún sitio y exporta esa agresividad a la escuela, a todos sitios. Y luego tenemos un tipo de chaval que en la calle es sano, majete, pero que en casa cree que tiene una esclava, y está convencido de ello. Ese es más difícil de controlar.

 INFIERNO CASERO

Gracias a su amplia experiencia en el trato con menores conflictivos, Javier Urra ha tenido acceso directo a muchos casos de niños y adolescentes maltratadores. Otros los conoce por su mera condición de investigador del fenómeno. Resumimos a continuación algunos ejemplos incluidos en el libro del ex defensor del Menor de la Comunidad de Madrid (nombres ficticios).

– En 2005, la madre de Diego (11 años) denuncia las continuas agresiones e insultos a que le somete su hijo. El caso aparece en televisión: durante dos meses, dos periodistas conviven con la familia y filman una interminable cascada de gritos, vejaciones y pataletas. La madre recuerda que su segundo marido solía decirle que parecía que estaba «casada con su hijo».

– Una madre llorosa cuenta a un catedrático de la Universidad de Málaga que su hijo le ha dado una patada por taparle el televisor mientras marcaban un gol. La madre se limitaba, como todas las noches, a servirle la cena en una bandeja… Asegura que nunca le ha reñido porque en las «películas americanas» los psicólogos aseguran que esto podría traumatizar al niño de por vida.

– Un periódico nacional da a conocer en abril de 2005 el caso de un niño de siete años que muestra un comportamiento inusitadamente violento contra su madre y su abuela. Las agresiones empezaron a los tres años, pero la madre dejó hacer porque interpretó que la actitud del niño era lógica ante un proceso de separación.

– Dolores agrede con arma blanca a su tía con su madre presente. La familia es de clase media-alta. Los padres atribuyen la agresión a que su h
ija ha tenido su primera menstruación hace un año. Desde entonces, aseguran, los problemas de comportamiento no han cesado.

Música, mejora en la nota

Si a tu hijo le apetece asistir a clases de Música, no dudes en inscribirle. Esta actividad, además de divertir y relajar a los niños, influye positivamente en su desarrollo sensorial, comunicativo y motriz. También aumenta su agilidad mental y contribuye a mejorar sus notas en el colegio ¿Conoces alguna otra actividad extraescolar más entretenida y que reporte más beneficios?

Los antiguos griegos tenían el convencimiento de que la música era un arte de origen divino y algunos filósofos como Platón y Aristóteles le atribuían el poder mágico de influir en la conducta humana. Hoy sabemos que esta capacidad no es divina ni mágica, pero existe, es real. Prueba de ello son los extraordinarios datos del proyecto de aprendizaje musical Amure, que se llevó a cabo en la Comunidad Valenciana el curso pasado: más de tres cuartas partes de los alumnos que recibieron dos horas semanales de clases de Música, durante el horario de comedor, mejoraron sus notas en el colegio; dicho de otro modo, la música es la actividad ideal para sacar mayor provecho a las horas lectivas y luchar contra el fracaso escolar.

Aumenta la inteligencia
“Efectivamente, el estudio de la música asociado a un instrumento es una tarea que emplea y ejercita muchas partes del cerebro, que han de actuar de forma coordinada. Gracias a ella se produce un aumento de la capacidad cognitiva, que hace al alumno más ágil mentalmente y esto, a su vez, favorece su rendimiento escolar. Además, el pequeño se habitúa a ser responsable y a desarrollar un trabajo ordenado y encaminado para un fin concreto, dos dones fundamentales para ser un buen estudiante”, explica Manuel Bocos, profesor de piano y jefe de estudios de la Escuela de Música Cedam, de Madrid. Diversos estudios realizados en la Universidad de Ohio (Estados Unidos) concluyen que los niños que eligen la música como extraescolar rinden más en los estudios por dos motivos: porque se habitúan a mantener el “tempo” de cada nota y al hacerlo generan ondas cerebrales que favorecen la concentración. Y porque las relaciones rítmicas son numéricas; cada nota tiene un tiempo y éste hay que sumarlo a otro y así sucesivamente hasta crear compases. Todos son conceptos matemáticos con los que los alumnos de música se van familiarizando sin darse cuenta.

En Harvard, un equipo de profesores comprobó que los niños que estudiaban más horas de Música a la semana mejoraban su expresión verbal. Esto se debía a que aumentaba su interés por la lectura, pero curiosamente, no sólo de las partituras, sino también de los libros. Al hilo de esta investigación, cabe resaltar que las clases de iniciación a la música resultan perfectas para ayudar a los más pequeños a pronunciar mejor e incrementar su vocabulario. “Y no hay que olvidar que la música provoca la evocación de recuerdos e imágenes, lo que potencia la memoria”, apunta Judith García, responsable del Departamento Pedagógico de Alventus, una empresa dedicada a gestionar las actividades extraescolares con colegios.

Pero la música no sólo impulsa el desarrollo intelectual de los alumnos, también potencia sus habilidades no cognitivas, como la comunicación, la expresión de los sentimientos y la confianza en uno mismo. Según la psicóloga educativa Judith García: “A través de la música los niños pueden expresarse y mostrar a los demás lo que les gusta y lo que son capaces de hacer”. Los niños que escogen la música como actividad extraescolar también se habitúan antes a trabajar en equipo, se vuelven más empáticos (la música estimula el sistema límbico), se muestran más tranquilos, presentan menos problemas de timidez (superan el miedo escénico), tienen un mayor control corporal y, tal y como explica Patricia Sésar, directora y profesora de violín y piano de la Academia de Música Labayru, de Bilbao: “Los alumnos de Música son niños muy constantes, pacientes y disciplinados, porque se habitúan a intentar las cosas una y otra vez, son capaces de enfrentarse a la frustración con entereza hasta que alcanzan su objetivo”.

Todos los niños están capacitados para estudiar música, aunque tengan muy mal oído. “Incluso los que sufren problemas de psicomotricidad o alguna deficiencia deberían intentarlo. El objetivo en estos casos no es que lleguen a ser profesionales, pero sí conseguir mejoras a nivel motriz, auditivo y de concentración, lograr un mayor desarrollo cerebral, meta que es avalada por infinidad de estudios”, aconseja Patricia Sésar.

Claves para acertar en la elección de un instrumento musical
Lo primero que hay que tener en cuenta son las aptitudes y el gusto personal del estudiante. También es básico reparar en su complexión, porque mientras los instrumentos de cuerda se fabrican en distintas escalas, un piano tiene un único tamaño, por lo que a un niño muy pequeño le costará más hacerse con éste que con un violín, por ejemplo, por una mera cuestión física. En cualquier caso, antes de tomar la decisión es muy recomendable asistir a una escuela musical que organice una jornada de puertas abiertas, para que el niño pueda ver y tocar diversos instrumentos, apreciar diferentes sonidos, observar cómo se manejan otros alumnos… Y de todas formas, si pasado un tiempo prudencial vemos que el pequeño no se encuentra cómodo con el instrumento que ha elegido, siempre puede probar otro.

“Los alumnos que estudian música logran mejores resultados académicos”

La Conselleria de Educación de la Comunitat Valenciana lleva a cabo un programa pionero por el cual varios centenares de colegios de la autonomía luchan contra el fracaso escolar a través de programas de innovación educativa basados en actividades musicales. Los resultados de estos programas son muy positivos, según señala Juan Pablo Valero, subdirector de Innovación y Calidad Educativa de la Comunitat Valenciana.

¿En qué consiste el programa de lucha contra el fracaso escolar a través de la Música que se está llevando a cabo en la Comunidad Valenciana?
Se trata de un programa pionero a nivel nacional, que dota de ayudas económicas a todos los centros educativos (Infantil, Primaria, Secundaria, conservatorios…), para que desarrollen proyectos de innovación educativa basados en actividades musicales. El objetivo principal es ayudar a conseguir el éxito académico de los estudiantes.
¿Cómo y cuándo descubrieron que la música ayudaba a mejorar el rendimiento académico?
Junto con los resultados del proyecto Amure, que han sido concluyentes, ha habido otros factores: por una parte, las recomendaciones psicopedagógicas que detallan los beneficios que el estudio de la música reporta a nivel cognitivo y social y por otra, los resultados de la Evaluación Diagnóstica que realizamos en la Comunidad Valenciana, que nos demostraron que los alumnos que practicaban música, de manera sistemática obtenían resultados mejores.
¿Qué entidades colaboran?
Bankia es la única entidad con la que contamos en este proyecto. A través de su programa Bankia escolta a València, ha hecho posible que se duplique la cantidad económica que la Consellería invierte.

Parece un contrasentido que estudiar música ayude a los niños a mejorar sus notas escolares. ¿No les quita demasiado tiempo para hacer los deberes?
Los resultados evidencian que los alumnos que dedican dos o más horas semanales al estudio de la música son los que obtienen mejores resultados académicos. Y es que la práctica instrumental comporta una serie de beneficios que no son en absoluto lejanos, sino muy concretos y medibles.

La Federación de Sociedades Musicales de la Comunidad Valenciana (FSMCV) cuenta con 554 sociedades musicales (el 50% de toda España), 40.000 músicos y 60.000 alumnos de escuelas de música. ¿Los valencianos mantienen una relación especial con la música?
La relación de los valencianos con la música es especialmente significativa, desde luego. No obstante, las características de los alumnos valencianos, sus inquietudes y sus necesidades son las mismas que las de los estudiantes de cualquier otro lugar y la capacidad que tiene la música para mejorar su rendimiento académico, también es igual. Por ello estoy seguro de que el programa sería un éxito en cualquier otra comunidad autónoma.
¿Seguirá el proyecto en el curso 2015-16?
Por supuesto que continuará. El programa está consolidado.

“Educar es dar la capacidad para valerse por uno mismo”

Ese amigo que no nos gusta, la primera vez que sale hasta tarde, ídolos que nos preocupan… Pedro García Aguado y Francisco Castaño, autores de Aprender a educar, nos explican cómo acompañar a nuestros hijos en su evolución a la adolescencia y por qué debemos evitar la sobreprotección.

Como coach del programa Hermano Mayor, Pedro García Aguado ha visto de cerca las consecuencias más extremas de la sobreprotección y la falta de normas. Por su parte, el docente Francisco Castaño, ha sido tutor del proyecto del Aula Oberta para jóvenes conflictivos durante los últimos siete años, donde intenta inculcarles el valor del esfuerzo. Juntos han escrito el libro Aprender a educar y hoy nos hablan sobre las consecuencias de proteger en exceso a nuestros hijos y por qué debemos evitarlo.
–Se habla mucho de los niños de hoy en día como caprichosos y malcriados. ¿Los niños de ahora son diferentes a los antes?
–Los niños no son diferentes, sino que los hacemos diferentes a la hora de educarlos porque se les da todo pero no se les dice no o, si se dice, no se mantiene.
–¿Qué es educar bien para vosotros?
–Un niño bien educado es una persona feliz, autónoma, que sabe enfrentarse a las adversidades y manejar la frustración. Por lo tanto, ¿qué aporta una buena Educación? Capacidad de superar adversidades y de valerse por si mismos.
–¿Cuáles son los errores más comunes que veis en los padres y qué les aconsejáis no hacer?
–Los dos fallos más comunes son educar al hijo que queremos y no al que tenemos; y una excesiva sobreprotección. ;Nuestro principal consejo es aceptar a nuestro hijo con sus virtudes y defectos. Debemos educarlo en base a su personalidad, poner límites y, sobre todo, no confundir proteger con sobreproteger. Muchos padres quieren que sus hijos lo tengan todo y no les han enseñado a esforzarse para conseguirlo. Eso provoca que nos encontremos con chicos cada vez más ‘discapacitados’ para vivir en una sociedad competitiva y exigente.
–¿Consideráis que la sobreprotección es un fenómeno muy extendido en la actualidad?
–Sí, la sobreprotección es muy común. En la sociedad actual, los hijos son algo muy deseado. Tanto que, cuando se tienen, los padres quieren evitarles el sufrimiento, solucionarles los problemas, impedir que lloren. Con esa actitud, les dificultaremos vivir en una sociedad en la que sí tendrán que sufrir, solucionarse problemas y donde las cosas han de conseguirlas con esfuerzo.
–¿Qué consecuencias tiene sobreproteger a nuestros hijos?
–La sobreprotección hará que nuestros hijos e hijas no sepan afrontar las dificultades que se van a ir encontrando en su crecimiento y, al llegar a la adolescencia, les generará una baja autoestima y posible fracaso escolar, mal comportamiento, depresiones, frustración… Debemos enseñar a nuestros hijos a gestionar esas emociones negativas.
–¿Cuáles son las causas más comunes de los problemas en la relación padre e hijo?
–El problema más común es la falta de comunicación. A veces, los temas de conversación con los hijos derivan en un interrogatorio de cómo va el colegio, cómo se porta y qué ha hecho durante la jornada. Además, la forma en la que se comporte un padre influye mucho. Hay padres autoritarios, sobreprotectores, colegas, manipuladores… Esos tipos de comportamiento de los progenitores producirán un tipo de respuesta diferente en los hijos. ;
–En aprenderaeducar.org habláis de “la Educación familiar como factor de protección para prevenir posibles dificultades en relación a los hijos”.
–Hay factores de riesgo que pueden provocar en nuestros hijos trastornos de conducta, fracaso escolar y consumo problemático de sustancias. Los factores de protección evitarán estos problemas al llegar a la adolescencia. Uno de los factores de protección más importantes es que reciban una buena educación familiar, manteniendo una comunicación fluida, transmitiéndoles valores como el esfuerzo y el respeto y poniendo unas normas adecuadas a la edad y personalidad del niño.
–Pedro, hemos visto el extremo al que llegan muchos casos que tratas en Hermano Mayor. ¿En qué momento cruzan los adolescentes la línea para considerarlo un caso grave?
–Normalmente, los chicos y chicas de Hermano Mayor tienen una baja autoestima y no cumplen las normas que se ponen en casa; esto les hace ser inseguros e impulsivos. Han ido aprendiendo a comportarse de una forma incorrecta. Cuando quieren conseguir algo y no lo consiguen, sienten una frustración que no saben gestionar. Esto les produce rabia y la rabia deriva en violencia. Todo esto se va gestando normalmente en la infancia, aunque se manifiesta en la adolescencia. Cuesta mucho romper sus creencias o convicciones.
–Francisco, en tu trabajo como tutor de Aula Oberta – para chicos/as con trastornos de conducta–, ¿qué casos son los más comunes que has tratado?
–En el Aula Oberta tenía chicos y chicas desmotivados, con mal comportamiento tanto en casa como en el instituto, absentistas y con baja tolerancia a la frustración. Pero lo más común entre ellos era la baja autoestima y la poca confianza en si mismos para poder hacer cosas.
–Francisco, ¿cómo reaccionan los padres cuando les das pautas para corregir su forma de educar?
–Cuando sus hijos entran al Aula Oberta, los padres están expectantes sobre qué resultados obtendrán. Son padres que a los que siempre han llamado del instituto para decirles lo mal que se comporta su hijo, que ha hecho una trastada o que hace días que no viene. Cuando yo hablo con ellos, cambia este esquema porque, en vez de reprenderles por el comportamiento de su hijo, les doy pautas para hacer en casa que van en la misma línea que en el instituto y esta unión hace que nos sea más fácil a todos.

Los malos hábitos de estudio

Dolor de espalda y cuello, picor y sequedad ocular, cansancio, falta de concentración… Son las consecuencias más comunes de los malos hábitos de los niños al estudiar. ¿Qué podemos hacer para evitar que ese tiempo tan prolongado acabe minando su salud? ¿Y para que les cunda más el estudio?

Los niños pasan muchas horas diarias sentados memorizando lecciones, haciendo deberes y trabajando con el ordenador y/o la tableta, algo fenomenal e imprescindible para su formación cultural, pero fatal para su espalda si lo hacen adoptando malas posturas, y para su vista, si la fuerzan demasiado. Según un estudio realizado durante el curso 2013-14 por el Colegio Profesional de Fisioterapeutas de la Comunidad de Madrid (CPFCM), el 30,1% de los niños que intervinieron en la investigación, todos de Educación Primaria, sufrían dolor de espalda. Y lo peor es que dicho porcentaje se elevaba al 75% en los estudiantes de 12 a 15 años. En cuanto a la vista, el Colegio de Ópticos-Optometristas de la Comunitat Valenciana asegura que el uso de tabletas electrónicas y ordenadores portátiles en las aulas supone un importante avance en materia de Educación, pero su utilización diaria es nociva para los ojos. De seguir así, según sus previsiones, en el año 2020, el 33% de los estudiantes serán miopes.

Para prevenir los malos hábitos posturales en el colegio, lo mejor que pueden hacer los centros escolares es inscribirse en “talleres de prevención de lesiones provocadas por las posturas inadecuadas.”, como los que imparten los Colegios de Fisioterapeutas de la Comunidad de Madrid, Castilla La Mancha, Castilla y León y Murcia.

En cuanto a los padres, en casa, deben proporcionar a su hijo una habitación de estudio apropiada. La mesa debe ser estable y lo bastante amplia como para que pueda colocar en ella todos los elementos que necesita y no tenga que retorcerse para cogerlos de la estantería o de otro mueble cercano. La silla debe tener un tamaño proporcional a la mesa, ser ancha, con el respaldo recto, graduable en altura e inclinable y con el asiento redondeado por la parte delantera, pues los bordes vivos dificultan la circulación sanguínea. La altura de la silla será la correcta con respecto a la mesa cuando el niño, estando sentado, apoye sus manos sobre el tablero y sus antebrazos queden en posición horizontal. Por supuesto, debe sentarse adentrando bien las nalgas en el asiento y descansando la espalda en el respaldo, y nunca haciendo equilibrios, con las piernas cruzadas. Los pies tiene que mantenerlos apoyados en el suelo. Además, según recomiendan los médicos de la Fundación Kovacs, especializada en la prevención y el tratamiento de las dolencias de espalda: es muy bueno que haga pausas cada 45 minutos para descargar la tensión causada por el estatismo postural.

Proteger los ojos
Para cuidar la vista del estudiante, su mesa de trabajo debe estar colocada de forma paralela a la ventana, con el fin de evitar deslumbramientos, y el niño debe aprovechar la luz natural siempre que pueda. “Cuando se vea obligado a dar la luz principal de la habitación, ésta nunca debe quedar por detrás de él, para que no le haga sombras sobre el texto”, aconseja Carmen Martínez, óptico-optometrista de Multiópticas Madrid Visión. “Y si además estudia con flexo, debe colocar éste en la parte izquierda de la mesa si es diestro, para no quitarse la luz con su propia mano, y a la inversa si es zurdo. En cuanto a la luz del flexo, tiene que ser lo más homogéna posible, preferiblemente blanca o azul, que son las menos dañinas para los ojos.

La distancia a la que situar los libros de texto y los dispositivos electrónicos es otro punto muy importante a la hora de velar por la visión de los estudiantes. “Lo ideal es que el niño coloque el ordenador de sobremesa a unos 50 cm de la cara y el libro de texto, el ipad y el netbook a unos 30-40 cm, y siempre un poco por debajo de la posición de mirada de los ojos”, recomienda Beatriz Badía, óptico-optometrista de Multiópticas Madrid Visión.

El ambiente ideal
Para que las horas que pasan delante de los libros les cundan, hay otras recomendaciones. “Deben estudiar siempre a la misma hora y en el mismo lugar (así su cerebro se predispone), merendar antes de ponerse a la tarea (para no interrumpir el trabajo una vez empezado), dividirse el trabajo en fases y crear el ambiente propicio para el estudio”, conticomenta el psicólogo Rodrigo Vela. “Respecto a este último punto, hay mucho que detallar. El ruido es el principal enemigo de la concentración. Es decir, mejor con la puerta cerrada, sin móvil ni música.

Otro error muy habitual es intentar estudiar con el cuarto hecho una leonera, algo que no funciona porque el caos descentra.

En cuanto a la decoración del cuarto, hay que huir de los estampados y de los colores chillones en las paredes, optar por los tonos neutros y poner pocos muebles y objetos en general (la acumulación produce ansiedad). Colgar algunos póster relacionados con las asignaturas (de mapas, del cuerpo humano, de la tabla periódica…) es muy buena idea: incitan a centrarse en las lecciones mucho más que los corchos repletos de fotografías hechas durante las vacaciones”, explica Rodrigo Vela.

Perdidos en el bilingüismo escolar

Impartir las asignaturas en otra lengua -como ya ocurría en varios países europeos- sonaba lejano allá por 2005. Tampoco eran muchos los padres que se decantaban por la nueva opción.

Una década después, se ha dado la vuelta a la tortilla. El inglés toma las aulas de la mejor o la peor manera; mientras, los expertos critican la falta de una metodología apropiada. En el modelo más extendido, los niños aprenden la flora y la fauna ibérica en el idioma extranjero, tararean la letra de algunas canciones y piden a sus profesores más dibujos en V.O. Además, los niños incorporan a sus preocupaciones académicas una última prueba: la evaluación externa que certifique su nivel de competencia lingüística, en manos de instituciones británicas.

Muchos padres, por la parte que les corresponde, intentan buscar los libros de texto en la versión castellana para enterarse de por dónde van sus hijos. Les surgen dudas sobre cómo pueden apoyar el aprendizaje de las materias impartidas en inglés en clase y si conviene o no reforzar el inglés fuera del aula. Algunos llegan a creer que su hijo se volverá bilingüe por ciencia infusa y confían en que no haya que pagarle nunca una academia; mientras que otros temen que jamás llegue a dominar con la misma soltura la lengua de Cervantes. En general, se percibe mucha incertidumbre entre los padres.

Lo que todos deberían saber es que no es lo mismo ir al Colegio Británico, donde los niños están inmersos en la lengua y cultura extranjera, desarrollando habilidades bilingües a los 5 años; que a un colegio público, donde se aumenta el número de horas de inglés y se imparten otras dos o tres materias en la lengua extranjera (aunque recurriendo en ocasiones al español, como reconocen muchos profesores). El ritmo de aprendizaje y el dominio de la lengua son diferentes en los dos modelos, aunque es más habitual encontrarse a padres perdidos en el segundo, dada la rapidez con la que se está extendiendo entre una amplia población escolar que lo acoge.

Ana Halbach y Marlen Wechem, investigadoras de la Universidad de Alcalá, acaban de publicar una guía de orientación imprescindible para padres con hijos en colegios bilingües y que, además, cuenta con el sello de calidad del British Council. En su manual, titulado Don’t worry, mum and dad… I will speak English!, las autoras aportan también su experiencia personal como profesoras bilingües.

Su primera misión ha sido aclarar qué significa ser bilingüe y acabar con el mito de que es una categoría estática: “El nivel de inglés va evolucionando a lo largo del tiempo. A lo mejor ahora eres bilingüe y dentro de 10 años ya no lo eres”, afirma Ana Halbach. “Un bilingüe no debe ser alguien que hable dos idiomas al mismo nivel porque eso prácticamente no existe”, explica.

“Depende del contexto, de la frecuencia…”, añade Marlen van Wechem, que trabaja como profesora de inglés. “Es muy difícil que una persona utilice las dos lenguas en los mismos contextos y con la misma frecuencia. Un niño puede tener mayor fluidez en un contexto que en otro”, concluye.

Les preguntamos a las expertas por una de las preocupaciones más extendidas entre los padres: el miedo a que sus hijos no aprendan los conceptos básicos de una materia en la lengua materna (por ejemplo, las partes de una flor). Esta preocupación se da sobre todo en Primaria, reconoce la profesora Halbach, pero le resta importancia a la cuestión debido a que “precisamente en Primaria, la mayoría de los conceptos que se aprenden en Ciencias se manejan también en la vida cotidiana y en la lengua materna. Lo único que tiene que hacer el niño es cambiar la etiqueta”.

“Los padres pueden contribuir en casa a que el niño aprenda a transferir los conceptos de una lengua a la otra.”, apunta Van Wechen. Las conversaciones diarias con los padres no debe convertirse en una prolongación del horario escolar sino que, como afirma la investigadora, “la transferencia de conceptos hay que hacerla cada día con naturalidad”.

Uno de los requisitos para que el programa bilingüe esté bien gestionado, de acuerdo con la metodología AICLE (Aprendizaje Integrado de Contenidos y Lengua Extranjera), es que el equipo de profesores haya unificado y coordinado el temario de las diferentes asignaturas del curso. “Por ejemplo, si sabemos que en Sciences el profesor está dando las partes de la flor, en clase de Lengua castellana podemos mandarles leer un texto relacionado con las flores para que asimilen el mismo vocabulario en castellano”, señala Halbach.

El nivel de adquisición de competencias de lengua extranjera del niño no sólo depende de las características del programa del centro ni de la voluntad del niño sino también de una actitud positiva de los padres respecto al bilingüismo, a pesar de que ellos no sean angloparlantes. Pero, según Halbach, para dominar una segunda lengua lo más importante es que los padres contribuyan a afianzar el conocimiento y manejo de la lengua materna.

“Los padres piensan que con ingresar a sus hijos en un bilingüe han hecho todo lo que estaba en sus manos. Sin embargo, es conveniente que hagan esfuerzos para que su hijo alcance el adecuado dominio coloquial de la lengua materna. Cualquier profesor habrá comprobado que los alumnos que son buenos en inglés son igual de buenos en Lengua castellana. Pero no todos los alumnos brillantes en Lengua suelen serlo en inglés”, afirma la investigadora. “Si un niño entra en un proyecto bilingüe con una base sólida de su lengua materna, tendrá más facilidad para adquirir el vocabulario y expresarse en el idioma”, reconoce.

Algunos padres, sobre todo los que no son angloparlantes, sienten inseguridad cuando tienen que echar un cable a su hijo con las materias impartidas en inglés. “Siempre es bueno tener un diccionario a mano”, señala Van Wechen. “Los padres que quieran ayudar al niño con una asignatura deben echar un vistazo al tema antes de ponerte con él y buscar en el diccionario las palabras que no entiendan. Si las consultas son demasiado frecuentes, lo mejor será que adquieran la edición bilingüe del libro de texto”.

Numerosos estudios e investigaciones reconocen los beneficios cognitivos de hablar dos idiomas con facilidad. “Un niño que ha crecido con dos idiomas va estructurando su lenguaje y poniéndole nombre a los objetos. El niño adquiere una capacidad para pensar que algo puede denominarse de una manera o de otra, que no existe un único término para llamar a las cosas. Y eso le proporciona cierta ventaja para manipular el lenguaje”, explica.

“Un fenómeno que se observa en los estudios, al que le dedico algunos párrafos en la guía”, subraya, “es que los bilingües son más conscientes de las necesidades de la conversación. Cuando el niño bilingüe tiene que explicar cómo es un objeto a alguien con los ojos vendados, suele tener una mayor capacidad para meterse en la piel del interlocutor y, en consecuencia, para describir con mayor precisión sus impresiones. Le resulta más fácil enfocarse en la mirada del otro”, concluye.

Una de las preocupaciones de los padres monolingües con hijos que reciben formación bilingüe es que acaben confundiendo términos de los dos idiomas. Las investigadoras se&#24
1;alan que la mezcla de idiomas constituye una etapa normal en el desarrollo del niño bilingüe. “Debe inculcarse en los niños la idea de que el error es una experiencia que se afronta con el sentimiento positivo de mejorar y superarse”, responde. No obstante, hay niños que no los mezclan nunca.

“Además, nada más entrar en un entorno bilingüe, el niño atraviesa un periodo silencioso”, advierte Halbach. “Luego empieza a usar las frases hechas que oye, como sucede en el aprendizaje de la lengua materna. Más adelante, empezará a construir sus propias frases, no hay motivo para presionarles”, concluye.

Finalmente, llegará el ansiado día en que le oiremos hablar inglés mientras juega solo en su habitación, o le saldrá un comentario espontáneo. Entonces, aseguran las expertas, sabremos que el niño ha interiorizado el idioma.

8 CLAVES PARA PADRES

1. Hay que tener en cuenta que los niños bilingües no son dos monolingües en uno. El dominio de la lengua extranjera depende del contexto en el que lo use y varía a lo largo del tiempo.

2. El niño bilingüe posee más facilidad para adoptar diferentes puntos de vista y es más creativo.

3. El visionado de películas, la escucha de canciones o la conversación de la familia en inglés contribuyen a una buena predisposición del niño hacia el idioma.

4. Pero la aportación más destacable que los padres pueden para el aprendizaje bilingüe del niño es el fomento del dominio de su propia lengua materna. La mayoría de los alumnos que destacan en la asignatura de Inglés lo hacen también en Lengua castellana.

5. Para apoyarle en los deberes o acompañarle en su aprendizaje de las materias impartidas en inglés, podemos servirnos de un diccionario y/o del libro de texto en su versión castellana (o la lengua propia). Que no perciban que no les podemos ayudar con algunas materias por nuestro desconocimiento del inglés.

6. No le obligues a hablar inglés en casa. Pacta con él un momento del día o situación concreta: el baño, el parque, la cena… (cualquiera es bueno). En caso de que no acepte que le hables en inglés, no lo hagas. “El lenguaje está asociado a los afectos y emociones. Cuando uno está habituado a relacionarse con alguien en un idioma, es muy difícil que cambie”, advierte Ana Halbach.

7. Si confunde palabras en su lengua materna, repetiremos con naturalidad la frase de forma correcta. No debemos hacer hincapié en sus errores.

8. Por último, Ana Halbach afirma que las madres que quieran comunicarse en inglés con su hijo recién nacido deben asegurarse de saber cómo transmitirle en la lengua cariño y protección. Las madres deben valorar qué es más importante: ¿qué su hijo sepa inglés o que establezca un fuerte vínculo emocional?

FICHA TÉCNICA

Marlen van Wechem es Licenciada en Filología inglesa. Después de trabajar en varias academias, se dedica desde 1999 a la enseñanza del inglés a niños y adolescentes como profesora autónoma en su propio centro en Guadalajara. La guía es fruto de su proyecto de investigación para el Trabajo Fin de Máster del Máster Universitario en Enseñanza del Inglés de la Universidad de Alcalá. En su elaboración, Marlen ha tomado en cuenta tanto criterios académicos como su experiencia como madre de hijas bilingües.

Ana Halbach, Doctora en Filología Inglesa, es profesora titular del Departamento de Filología Moderna de la Universidad de Alcalá. Su interés por el bilingüismo nace de su experiencia de primera mano como hablante nativa de alemán y español, alumna de un centro extranjero en España, y ahora madre de cuatro hijos, bilingües también. Esta experiencia personal, junto con su formación académica en el campo de la filología inglesa, la ha llevado a centrar su investigación en la enseñanza bilingüe y en la formación del profesorado. Además, dirige el Máster Universitario en Enseñanza del Inglés de la Universidad de Alcalá y colabora en cursos de formación de profesorado.

La guía para padres Don’t worry, mum and dad… I will speak English! está disponible de forma gratuita en la web del British Council: https://britishcouncilschool.es/sites/default/files/british%20council_guia_bilinguismo.pdf